martes, 1 de marzo de 2011

De este país y de estas gentes


De este país y de estas gentes

Como un norte helado y cruel
el dolor ha caído brutal
sobre este tiempo y estas gentes.
Las tierras ávidas,
las mesas de trabajo,
las mujeres encinta
han desaparecido bajo una lluvia sucia
de hojas disecadas y animalitos
muertos.


En todos los pasillos
cientos de espejos rotos
reproducen el polvo.
A juzgar por la imagen que devuelven
ningún hombre está sano.
Solo aparecen rostros incompletos,
ojos llenos de furia,
bocas incapacitadas para el beso,
frentes donde todos los pensamientos
mueren sin pasar de embriones.
El odio se distribuye en panes
por las mesas.
No hay sitio para la sal
y el café de las mañanas
tiene un sedimento amargo.
Son los pobres de luna,
los mendigos del ojo solitario,
los impotentes,
los maniáticos,
los que hoy deciden
sobre la restauración de catedrales
el curso de los ríos
y la conveniencia del amor.
Estar vivo
y ser de este país
y de estas gentes
no es alegre ni triste
sino necesario.
Ser fiel a las raíces,
seguir creyendo
en la posibilidad de la esperanza,
es el único modo de sobrevivir
a la miseria de este tiempo.

(De Porque ningún sol es el último, Ediciones Paradiso, Tegucigalpa, 1989.)

© María Eugenia Ramos

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