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18 de marzo de 2013

La estupidez y la barbarie también están globalizadas

Daniel Mordzinski fotografiando a Juan Carlos Lemus en Granada, Nicaragua, febrero de 2013. Observa el escritor nicaragüense José Adiak Montoya. Foto: María Eugenia Ramos.
Daniel Mordzinski fotografiando a Juan Carlos Lemus en Granada, Nicaragua, febrero de 2013. Observa el escritor nicaragüense José Adiak Montoya. Foto: María Eugenia Ramos.
Ayer publiqué en este mismo blog el artículo que escribí para Diario El Heraldo sobre el Primer Encuentro de Narradores "Centroamérica cuenta", en el que hablo sobre el "fotógrafo de los escritores", Daniel Mordzinski, quien ha retratado durante décadas a escritores de América Latina y Francia, muchos famosos, incluyendo premios Nobel, otros desconocidos; pero a todos ha sabido captarlos con una sabiduría y una ternura que revelan no solo a un artista, sino también a un gran ser humano. En su archivo había incluso fotografías de nuestro gran narrador Roberto Castillo, a quien, me escribió el propio Mordzinski, y cito textualmente: "tuve la fortuna de retratar en París en los años ochenta".

Esta mañana, para mi sorpresa, me encontré el correo del escritor nicaragüense Ulises Juárez Polanco que transcribo a continuación. Lo leí y no podía creer lo que decía. Juzguen ustedes.


Estimados amigos:

Estamos recolectando firmas de apoyo para Daniel Mordzinski, para la siguiente situación: el pasado 7 de marzo, Daniel descubrió que su archivo con miles y miles de fotografías tomadas durante 27 años, guardado con llave en el despacho que usaba en el diario Le Monde en París (en virtud de la alianza entre El País y Le Monde), había sido enviado a un sótano, desparecido y destruido. El periódico que reclama el respeto a la libertad de expresión en otros países, ha hecho desaparecer para siempre la mayor parte de un trabajo artístico que daba testimonio excepcional de casi tres décadas de cultura, con fotos únicas de la literatura de nuestra época. “Nadie sabe ni quiere saber por qué decidieron ‘desaparecer’ mi trabajo de toda la vida. Miles de fotos tomadas a lo largo de veintisiete años. Veintisiete años de esperas, nudos en la garganta, noches en vela, revelados angustiosos.”

Daniel necesita de nuestra ayuda, aunque no haya nada que recuperar le gustaría que al menos quede constancia de que lo sucedido en Le Monde es más que una negligencia: es un profundo desprecio por un trabajo que forma parte de la memoria de nuestra cultura contemporánea, al menos en la medida en que sus protagonistas son los escritores que le dan naturaleza y dignidad a nuestra lengua y a nuestro mundo.

Por favor enviar las firmas de apoyo directamente a Daniel, a dmordzinski@free.fr

Abrazos,
Ulises Juárez Polanco
El propio Mordzinski, fraterno como siempre, tuvo la gentileza de responder a un correo que le escribí de inmediato para expresarle mi solidaridad, y me decía que no hubo mala intención, solo estupidez... Estupideces, pienso yo, que forman parte del culto a la ignorancia y a la irresponsabilidad que nos lleva como especie humana a destruir nuestro mundo y a nosotros mismos.

El escritor guatemalteco Juan Carlos Lemus resume muy bien nuestra indignación en el siguiente artículo:
"INIQUIDAD
Firma: Juan Carlos Lemus/ Guatemala

Iniquidad es la palabra que me viene a la mente cuando pienso en Le Monde y su decisión vulgar, inculta y sorprendente de destruir 27 años de trabajo del mundialmente respetado fotógrafo Daniel Mordzinski.

Acción tan deplorable podría esperarse de regímenes totalitarios, de dictaduras y gobiernos irracionales de esos que tanto abundan en nuestro planeta, podría esperarse de bombardeos estadounidenses o de extremistas paranoides ocultos en el fondo de un sótano, pero al proceder de una institución que supuestamente defiende la libertad de expresión y que se precia de contener líneas intelectuales respetables, pareciera que se anuncia la supremacía de la mediocridad por encima de la inteligencia.

Cómo es posible, me pregunto, que cientos de miles de fotografías hayan sido despreciadas de tal manera, destruidas en un sótano, desaparecidas como si se tratara memorándums paridos en la rutina de ese diario. No sé qué impulso cavernícola motivó a destruir la obra de Mordzinski , en la cual quedaban retratados muchos de los más reconocidos escritores del mundo, entre ellos varios premios Nobel, vivos y fallecidos, pero tengo claro que No conocer la diferencia entre algo valioso y algo descartable hace dudar de la calidad intelectual de cualquiera que conduzca o administre un medio de comunicación.  Y hace dudar de sus capacidades mentales. 

Décadas de cultura, años de aportar ingenio a un mundo cada vez más infame, todo, muerto, por saña o por ignorancia. Le Monde, al destruir las fotografías de Daniel Mordzinski, suma destrucción a un planeta que necesita pensadores, artistas y medios de comunicación humanizados.

La lección es nefasta, pero hay que tomarla: los comunicadores del mundo, particularmente los de Le Monde que tomaron tan desdichada decisión, privilegiaron su arrogancia y estupidez por encima de obras fotográficas memorables, arruinaron testimonios que contaban al mundo quiénes eran sus escritores, entre ellos, franceses, alemanes, americanos, hombres y mujeres del mundo entero.

Le Monde ofendió una labor de grandes magnitudes que hemos valorado en varios países. Hace un par de semanas publiqué en mi columna semanal del diario Prensa Libre  unas palabras sobre la obra de este fotógrafo; fue una manera de reconocer, aunque en forma breve,  su gran calidad artística. Comparto el  enlace para que Le Monde sepa cuánto valoramos en estos países lo que ellos irracionalmente han destruido: Artículo de Juan Carlos Lemus sobre Mordzinski"
Un acto como el cometido en Le monde, aún sin intención, es un crimen contra la cultura. La pregunta es: ¿qué harán al respecto?


17 de marzo de 2013

"Centroamérica cuenta": la aventura de narrar

Participantes en el I Encuentro de Narradores "Centroamérica cuenta". Foto: Daniel Mordzinski.
Participantes en el I Encuentro de Narradores "Centroamérica cuenta",
Managua, Nicaragua. Foto: Daniel Mordzinski.

—Hola, soy Daniel y me gusta controlarlo todo.

Así se presentó un hombre de mediana edad, de rasgos europeos, a quien confundí con un francés por su aspecto. Hasta su perfecto español con acento argentino era característico de muchos de los cooperantes franceses que conocí en Nicaragua el pasado mes de febrero, durante el I Encuentro de Narradores de Centroamérica. Se había sentado con gran desenvoltura en la silla libre de la mesa que compartíamos con las escritoras salvadoreñas Vanessa Núñez Handal y Elena Salamanca en el restaurante del Hotel Europeo de Managua. Me dije: “Este es un seductor”. Y no me equivocaba.

Gioconda Belli (Nicaragua), María Eugenia Ramos (Honduras) y Elena Salamanca (El Salvador). Mesa: "El toque de Eva". Foto: Vanessa Núñez Handal.
Gioconda Belli (Nicaragua), María Eugenia Ramos (Honduras) y Elena Salamanca (El Salvador). Mesa: "El toque de Eva". Foto: Vanessa Núñez Handal.
Al día siguiente me enteré de que el desconocido (para mí) del día anterior era nada menos que uno de los fotógrafos más famosos del mundo, Daniel Mordzinski, argentino radicado en Francia cuando no está viajando, reconocido por haber creado los retratos más tiernos, más duros y más provocadores de celebridades de la literatura latinoamericana como, por ejemplo, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, Mario Vargas Llosa, Carlos Fuentes, Carlos Monsiváis, Sergio Ramírez, Gioconda Belli,  Ana Istarú, Gabriel García Márquez, Mario Benedetti y Ernesto Cardenal.

Daniel Mordzinski, "fotógrafo de los escritores", y Sergio Ramírez en la Alianza Francesa de León. Foto: María Eugenia Ramos.
Daniel Mordzinski, "fotógrafo de los escritores", y Sergio Ramírez en la Alianza Francesa de León.
Foto: María Eugenia Ramos.
Yo había leído en el programa que estaría con nosotros “el fotógrafo de los escritores”; pero nunca imaginé que fuera un hombre tan accesible, una especie de niño grande que pone tanto empeño en fotografiar a un premio Nobel como a alguien que solo haya publicado un libro. En lo que no me equivoqué fue en haberlo identificado desde el primer momento como un seductor, pues para retratar a alguien como él lo hace hay que seducir primero a la persona, ganar su voluntad y dominarle con dulzura para lo que sea que lleve adentro quede al descubierto en la fotografía.

Daniel Mordzinski y yo en Granada. Foto: Julio Escoto.
María Eugenia Ramos en la catedral de León, Nicaragua. Foto: Daniel Mordzinski.
María Eugenia Ramos en la catedral de León, Nicaragua. Foto: Daniel Mordzinski.
La naturalidad de Mordzinski, aunada a su tenacidad en el trabajo, como pude apreciar después, auguraba lo que sería este encuentro, en el que nos juntamos narradores, cronistas y editores de Centroamérica, Francia, Alemania y México: un espacio para hablar de temas serios a un ritmo a veces exigente, en aras del tiempo, pero también muy gratificante.

Carlos Wynter (Panamá), María Eugenia Ramos (Honduras), Ricardo Lindo Fuentes (El Salvador), Juan Carlos Lemus (Guatemala), Hugo Valdés Manríquez (México) y Rosa María Britton (Panamá). Foto: Daniel Mordzinski,
Carlos Wynter (Panamá), María Eugenia Ramos (Honduras), Ricardo Lindo Fuentes (El Salvador),
Juan Carlos Lemus (Guatemala), Hugo Valdés Manríquez (México) y Rosa María Britton (Panamá).
Foto: Daniel Mordzinski,
Es lo que se podía esperar de un encuentro organizado por el escritor Sergio Ramírez, en su condición de director de la revista cultural centroamericana Carátula. Sergio es el gran embajador de la literatura centroamericana, no solo porque es el más conocido fuera de la región, sino porque se ha empeñado en promovernos en México y Europa. Este reconocimiento bien ganado ha permitido que la embajada de Francia y la Alianza Francesa de Nicaragua, como también la cooperación alemana por medio del Instituto Goethe de México, auspiciaran “Centroamérica cuenta”, un encuentro dedicado a reflexionar sobre la situación y perspectivas de la narrativa centroamericana.

Sergio Ramírez y su esposa Tulita con Julio Escoto (centro) en Las Isletas de Granada.  Foto: María Eugenia Ramos.
Sergio Ramírez y su esposa Tulita con el escritor hondureño Julio Escoto (centro)
en Las Isletas de Granada. Foto: María Eugenia Ramos.
Esta primera edición de “Centroamérica cuenta”, porque se anuncian más, ha sido lo que el premio Nobel José Saramago llamaba “plataformas donde los lenguajes se vuelven comunes y universales”. Así, Óscar Castillo, director de la Editorial Uruk de Costa Rica, informó que se ha conformado una red de editoriales centroamericanas para mejorar los mecanismos de distribución de libros en la región. Por su parte, la Editorial L’atinoir de Marsella traducirá y publicará en Francia una antología de cuentos de todos los narradores que participamos en el evento. Más aún: la revista Carátula convocará a concursos de cuento cuyos premios consistirán en estadías de dos meses en Francia y Alemania.

Centro de Granada. Foto: María Eugenia Ramos.
Centro de Granada. Foto: María Eugenia Ramos.
“Centroamérica cuenta”, pues, hará que nos conozcan fuera de la región no solo por el futbol, el narcotráfico, la tragedia y la violencia en todas sus formas (incluyendo la mala política), sino también por las historias que contamos. Sin duda, cuando las narremos, estos y otros temas volverán a aparecer, pero convertidos en otra cosa, en literatura, donde se tejen y entrecruzan sueños, miedos, esperanzas, ironías y pesares, de la misma forma en que nuestros senderos se entrecruzan y bifurcan en la búsqueda de nuestras propias voces.

Y como buenos centroamericanos, más estando en Nicaragua, hubo tiempo para bailar. Por supuesto,
quienes más lo disfrutaron fueron los europeos. Julio Escoto no bailó porque no fue su esposa Flor;
y yo tampoco porque mi columna se opuso rotundamente. Pero ya habrá espacio para reivindicarnos.

23 de enero de 2013

Visitantes entrañables

Los gatos y los libros combinan a la perfección. Por eso, toda editorial, librería o bliblioteca que se precie de tal debe tener sus propios gatos. Esta es una familia que apareció en los alrededores de mi oficina en la Unah. Son semisalvajes, pero agradecen la comida que se les da. A cambio, nosotros obtenemos caché. Y una sensación de gozo que solo los que aman a los animales pueden entender.

La idea es encontrarles hogares. Para Clementina (/la gata madre) será más fácil, se ve que ha tenido convivencia con humanos. El gatito, como está muy pequeño, podría adaptarse. Con el padre será mucho más difícil. Pero da ternura verlos juntos, no quisiera separarlos.

Las redes y personas amantes de los animales han mostrado interés y hasta han colaborado llevándoles concentrado. Ojalá que puedan permanecer allí sin que personas entrometidas, de esas que sobran, quieran hacerles daño. Porque ellos no hacen daño a nadie, al contrario, contribuyen a despejar el campus de ratones, que abundan sobre todo en estos días, cuando no hay estudiantes.


D.R. Maria Eugenia Ramos
Clementina, la madre de la familia, y su hermoso hijo, al que provisionalmente he llamado Mischief (en inglés, travieso). Por supuesto, el nombre de la madre es un homenaje a la gran poeta Clementina Suárez.

D.R. Maria Eugenia Ramos
En los primeros días era muy difícil tomarle fotos a Mischief, se quedaba lo más lejos posible, y esto si se dejaba ver. Aquí tomando el sol en una macetera.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Ni siquiera miraba a la cámara. Un salvajillo total.

D.R. Maria Eugenia Ramos
¡La gran Clementina! Es una belleza. Manto color chocolate, guantes blancos y botas blancas altas, preciosos ojos verdes.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Aún no he podido fotografiar bien al padre. Es un gato grande, atigrado, con una hermosa cola de angora. Sobreprotector de su familia y muy amoroso con Mischief. Espero poder tomarles foto cuando se están dando besitos.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Comiendo con mamá.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Alguien, con buena intención, les puso huesitos. Por suerte, ellos prefieren el concentrado. No, Clementina no está amenazando a la cámara, aunque lo parece. Solo está pidiendo con buenos modales que la dejen en paz.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mischief ya permite que se le tomen fotos de cerca, especialmente porque ve que mamá no me teme y hasta permite que la acaricie.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mischief decidió tomar un poco de agua, pero el recipiente es muy alto para él.
D.R. Maria Eugenia Ramos
Me agacharé más... solo otro poquito...
D.R. Maria Eugenia Ramos
¡Plungún! Se dio vuelta...

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mamá Clementina no quiere mojarse las patas y mejor se baja.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Estoy apenado... mejor me subiré a este árbol. 

D.R. Maria Eugenia Ramos
Clementina posiblemente alguna vez fue gata de casa, porque permite que la toque y ronronea, lo cual me hace feliz.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Su amistad me honra. 

28 de diciembre de 2012

22 de abril de 2012

El Poeta Óscar Acosta

María Eugenia Ramos

El poeta Acosta en su casa de la colonia Alameda de Tegucigalpa. (Foto: Nolban Medrano.)
La palabra poeta, como sustantivo común, se escribe con minúscula, a menos que encabece la oración, de acuerdo con los postulados de la Real Academia de la Lengua, cuyo capítulo en Honduras, por cierto, don Óscar Acosta ha presidido durante las últimas décadas. Sin embargo, cuando se habla de él la palabra se vuelve adjetivo calificativo y pronombre, al punto de que es difícil resistir a la tentación de escribirla con mayúscula.

La poeta y amiga Yadira Eguigure nos narra que, según una anécdota que escuchó, durante una de las visitas de don Óscar a Guatemala, una ayudante de la casa de Helen Umaña creyó que el nombre del visitante era Poeta y su apellido Acosta. Y su deducción fue acertada. A los 79 años de vida, cumplidos el 14 de abril, Poeta debería figurar en su tarjeta de identidad: Poeta Óscar Acosta.

De todas las referencias  y títulos honorarios que se le han dado, hay dos que en mi opinión destacan por la fidelidad con que lo describen: “Poeta de Honduras”, título escogido para una recopilación de su vida y obra publicada por la Editorial Guaymuras de Tegucigalpa en 1996; y “bonhomía”, en el sentido de humana capacidad para relacionarse, término empleado por el escritor Marcos Carías.[1]

“Poeta de Honduras” expresa su hondureñidad, entendida como ese conjunto de maneras de ser que identifican, si no a la totalidad, al menos a buena parte de quienes nacimos y vivimos en este trozo de tierra centroamericana. Don Óscar las conserva y las practica sin que los estiramientos que asociamos al ejercicio diplomático de muchos años hayan menguado su disfrute de la vida cotidiana. Uno de los mayores goces que recuerdo de las veces en que me invitó a tomar café en su casa de la colonia Alameda es el de mojar el pan dulce (el de yema es su preferido) en el líquido humeante antes de llevarlo a la boca con los dedos, hábito que tanto él como yo tenemos, y que proviene de nuestros ancestros rurales.

En cuanto a la bonhomía, referida al trato cordial, sincero y desprovisto de afectación que dispensa a cuanta persona le conoce, no es común en los medios literarios, especialmente en un país pequeño como el nuestro, donde la maledicencia y la zancadilla parecieran ser imprescindibles para dar a conocer una obra por encima de las demás. Muy en confianza, el Poeta ha contado las razones que en el pasado lo llevaron a distanciarse de ciertas amistades muy prominentes en el medio, sin que por ello se haya vuelto amargado ni censor de la obra de otros escritores.

A mi juicio, es la bonhomía la que le ha permitido, a pesar de su comodidad económica y sus relaciones con los más poderosos sectores financieros y políticos de Honduras, ser siempre un demócrata en el mejor sentido de la palabra. Es autor de algunos de los mejores poemas de amor de la literatura hondureña, pero también escribió Mi país, un extraordinario alegato contra la represión forjado en imágenes de gran altura poética.

Sin declararse ferviente revolucionario, como quizá algunos esperarían, ha creído y practicado la libertad de opinión. Siempre reconozco con gratitud su amable presión para que escribiera y publicara en la Revista “Vida” de Diario El Heraldo, durante la época en que estuvo al frente de este suplemento, durante la década de los noventa; no necesariamente porque estuviera de acuerdo con mis ideas, sino porque pensaba que todos y todas deberíamos tener el derecho a expresarnos.

Obviamente, los años vividos no dejan de cobrar su cuota, y en el caso del Poeta, mi amigo, mi padrino literario, “el tiempo ha caído sobre su cuerpo”, en palabras de la gran Clementina Suárez. Anhelo que el tiempo sea amable y nos permita volver a escuchar de su boca las anécdotas que nos han hecho reír con su gran sentido del humor, mientras disfrutamos de la tradicional taza de café y pan de yema en su casa, ante la gran mesa de caoba hondureña y bajo el retrato de su amada esposa. Quiero que el Poeta resista para presentarle a la nueva generación de escritores que aprecian su trabajo. Mientras tanto, le envío una vez más la admiración y cariño de siempre, mío y de Honduras.

Tegucigalpa, 11 de abril de 2012.




[1] Eguigure, Yadira (2010) y Carías, Marcos (2010), en Revista Umbral, Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán, Año III, No. 3, marzo de 2011, edición especial.
* * *

8 de abril de 2012

Roma, peligro para caminantes

Como miles de personas en el mundo, siempre quise conocer Roma y siempre pensé que era uno de tantos sueños imposibles. Estaba en el colegio cuando leí Roma, peligro para caminantes, de Rafael Alberti, en una bonita edición de Seix Barral, y desde entonces me intrigaron esas callejuelas empedradas y los gatos que acompañaron el exilio del poeta español.

No puedo quejarme, la vida ha sido muy generosa y me dio la oportunidad cuando mi amiga la periodista Rossana Guevara fue nombrada embajadora en Italia y ella me propuso al Instituto Italo Latino Americano (IILA) para participar en representación de Honduras en la edición 2010 del encuentro "América Latina, Tierra de Libros", que se realiza en el marco de "Più libri più liberi" ("Más libros, más libres", feria de pequeños y medianos editores italianos. (Al respecto, ver más en Lo que escribo.) Gracias al apoyo de la UNAH pude hacer el viaje y aquí lo documento en fotos.

Foto: IILA, 2010
El 6 de diciembre de 2010, en el marco de la tercera edición del encuentro América Latina, Tierra de Libros, el Instituto Italo Latino America (IILA) organizó el conversatorio "Voces de América". Participaron los escritores Louis Philippe Dalembert, Haití (segundo de i a d), Santiago Gamboa, Colombia (cuarto de i a d, atrás), Carlos Iotti, Brasil (quinto de i a d), Claudia Souza, Brasil (cuarta de i a d, al frente), Lucrecia Méndez, Guatemala (tercera de d a i), Dante Liano, Guatemala (primero de d a i), Leonardo Padura, Cuba (segundo de d a i), Cotié Santana, Chile (cuarta de d a i) y María Eugenia Ramos, Honduras (tercera de i a d, al frente). Moderaron el evento Stefano Tedeschi y Patricia Rivadeneira (sexto y séptima, respectivamente, de i a d).

Mi propia Roma
(c) M. E. Ramos 2010
Participé en el conversatorio "Mujeres que escriben en países emergentes", realizado en uno de los salones de la Feria. Sin embargo, yo era la única escribiendo en un país subdesarrollado o "emergente", pues las demás residen en Europa.
(c) M. E. Ramos 2010
Una cierta nostalgia en el stand del IILA.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
  (c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Entrada de la Feria "Più libri più liberi".
(c) M. E. Ramos 2010
En las Ruinas del Lago vive una comunidad de gatos que fueran abandonados por sus dueños y hoy son cuidados por un grupo de voluntarios, no solo de Italia, sino de varios países del mundo, con donaciones de la ciudad.
(c) M. E. Ramos 2010
Gato romano. Nótese el parecido con el dibujo de la cubierta de la edición de Seix Barral de Roma, peligro para caminantes.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Inmigrantes coreanos ofrecen artesanías a los turistas.
(c) M. E. Ramos 2010(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Numerosos mendigos, especialmente mujeres de edad avanzada, piden limosna en las calles de Roma. Según me informaron, la mayoría proviene de Rumanía y otros países del antiguo bloque socialista.
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Algunos mendigos piden limosna acompañados de sus perros.

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Con la embajadora Rossana Guevara.
(c) M. E. Ramos 2010
Mercado de domingo.
(c) M. E. Ramos 2010
Rincón infantil de la Feria.
(c) M. E. Ramos 2010
Libros, tan apetitosos como el manjar más exquisito.
(c) M. E. Ramos 2010
Aunque estos caballos parecen bien cuidados, los defensores de los animales consideran que los explotan trabajando muchas horas en cualquier condición climática. 
(c) M. E. Ramos 2010
La clásica calesita.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Este perro espera a su dueña a la puerta de una cafetería.
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Una bandada de aves migratorias dibuja figuras caprichosas sobre el cielo de Roma.
(c) M. E. Ramos 2010
Bandada de aves migratorias sobre el cielo de Roma (2)
 (c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Uno de los pasillos de la feria.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Solo fue una visita de tres días, pero bastó respirar su aire para constatar que Roma sigue siendo peligro para caminantes, que nos vamos soñando con regresar algún día.

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