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18 de marzo de 2019

De cercanías y extrañamientos: "Crónica de una cercanía", de Janet Gold


Palabras para la presentación del libro Crónica de una cercanía. Escritos sobre literatura hondureña*


Agradezco a Isolda Arita la deferencia de haberme pedido que la acompañe en la presentación de esta colección de ensayos sobre literatura hondureña que nos obsequia Janet Gold, con el título de Crónica de una cercanía.

Quiero comenzar refiriéndome a la cuidada presentación del libro, que en la cubierta tiene una fotografía de las gradas del barrio La Leona, con flores y plantas colgantes, complementada en la contracubierta por una Janet muy joven, con pañuelo en la cabeza, sosteniendo un ramo de flores en los arcos de los apartamentos Walter. Son imágenes que retratan una Tegucigalpa que vive en nuestra nostalgia, pero de la que solo quedan pequeños islotes en un mar de concreto y puentes a desnivel que nos han quitado identidad como ciudad. En consonancia con el título del libro, nos hacen imaginar el contenido testimonial de estas crónicas, en las que la autora nos narra los inicios de su aproximación a la literatura hondureña y sus impresiones de Honduras y su gente a lo largo de cuatro décadas.

Nuestro medio no es el más propicio para la literatura, como bien lo constata Janet Gold.  La sociedad hondureña está signada por el prejuicio, la politiquería, la mentalidad patriarcal, el clientelismo y la corrupción, males que se reflejan en las dificultades que aún hoy persisten en la tarea de escribir y publicar; no es de extrañar que para las mujeres escritoras el desafío de ser entendidas y aceptadas ha sido, y sigue siendo, mayor que para los escritores hombres. 

Janet Gold vino a Honduras la primera vez para dar clases en una escuela privada, pero cuando regresó, años después, lo hizo atraída por la figura de una mujer que no solo desafió los tabúes de la época, sino que se desafió a sí misma, evolucionando como poeta hasta llegar a constituir una voz precursora cuyos ecos nos siguen nutriendo. Me refiero, por supuesto, a Clementina Suárez. La biografía que Janet Gold escribió, Retrato en el espejo, sigue siendo el principal referente a la hora de profundizar en la vida de esta poeta fundacional, precursora del vanguardismo en Honduras. Cuando, en conjunto con la Editorial Guaymuras, nos propusimos acercar la vida de esta mujer icónica a los niños y niñas de Honduras, no resultó difícil, porque ya existía esta investigación aderezada con el cariño que Janet llegó a sentir por Clementina y por Honduras.

Pero Clementina no ha sido la única mujer destacada que Janet Gold encontró en sus exploraciones del mundo literario y cultural hondureño. En este libro hay referencias a muchas mujeres, incluyendo los primeros intentos de organización de las mujeres escritoras, que datan de los años noventa. Y hace especial mención de dos mujeres que por diferentes razones son imprescindibles en la historia de la vida cultural del país: Leticia de Oyuela y Amanda Castro. Doña Lety aparece retratada con la elegancia y refinamiento europeo que la caracterizaban y su trabajo incansable en la investigación y la difusión del arte y la cultura de Honduras. Amanda aparece como poeta, editora y luchadora social, figura destacada del movimiento LGTBI en el país. Ambas, al igual que Clementina, ya fallecieron, pero al igual que ella continúan viviendo en nuestro imaginario social.

Crónica de una cercanía, sin embargo, no está dedicada exclusivamente a las mujeres escritoras, sino que es un panorama general construido a retazos, con base en conferencias y trabajos académicos, así como en vivencias personales de su autora, y contextualizado en nuestra realidad política y social, incluyendo el golpe de Estado de 2009. Por sus páginas desfilan iniciativas editoriales privadas y del Estado, la tradición oral, algunos colectivos culturales, organizaciones no gubernamentales, la visión de Janet del pueblo minero de Santa Lucía, Miriam Sevilla y su esfuerzo por hacer teatro infantil en una ciudad pequeña, y escritores de épocas y estilos tanto coincidentes como divergentes, entre ellos, Roberto Castillo, Roberto Sosa, José Luis Quesada y Raúl Arturo Pagoaga.

No es un trabajo exhaustivo ni actualizado; la autora está consciente de ello y así nos lo advierte en el preámbulo. Se trata más bien de una recopilación de nombres, datos y experiencias que por determinadas razones la atrajeron como investigadora. Sin embargo, tiene mucho valor como testimonio del devenir histórico de la literatura hondureña, desde la mirada de una académica extranjera. En lo personal, yo espero que Janet continúe su cercana relación con Honduras y con nuestra literatura; ojalá, por ejemplo, incluya en futuros estudios la ficción de los últimos 18 años, en especial la narrativa escrita por mujeres.

Quiero felicitar a Editorial Guaymuras por esta publicación, y agradecerle a Janet Gold por el cariño que estas páginas demuestran hacia un país donde constantemente nos preguntamos si vale la pena escribir, o simplemente vivir, y donde, como Janet acertadamente intuyó, permanece una sensación de pérdida y extrañamiento más que de cercanía. Parafraseando a Clementina Suárez, y en el espíritu de búsqueda e inconformidad de Janet Gold como investigadora, la respuesta sería que tenemos que “destruir y construir, ser relámpago, trueno, despertar a los niños y a las niñas, para arrasar las podridas raíces de este pueblo”[1].

Tegucigalpa, 1 de agosto de 2018.



* 2018. Tegucigalpa: Editorial Guaymuras. 308 pp. ISBN 978-99926-54-94-1
[1] Suárez, Clementina (1969). “Combate”, en El poeta y sus señalesTegucigalpa: Universidad Nacional Autónoma de Honduras, 1969.

27 de febrero de 2019

La niña que nació para ser poeta

Por: Ligia Aguilar*


Artículo leído por la autora en la presentación de La niña que nació para ser poeta: Clementina Suárez, durante la Feria del Libro organizada por el CCET de Tegucigalpa en abril de 2018, y publicado en Diario La Tribuna, sección "Habitaciones Propias", dirigida por la escritora hondureña Jessica Isla.


Cartel de La niña que nació para ser poeta, para la feria del libro organizada
por el Centro Cultural de España en Tegucigalpa, abril de 2018.

No recuerdo exactamente la primera vez que escuché el nombre de Clementina Suárez. Posiblemente mi madre o padre, ambos educadores y lectores pudieron leerme un poema o hablarme de ella. O tal vez fue uno de los docentes de mi vida escolar que me invitó a conocer a la aclamada escritora hondureña. Realmente no lo recuerdo. Lo que sí quedó muy bien grabado en mi memoria es que solo la evocación de su nombre estaba revestida de un enigma especial, de una serie de episodios de su vida personal, que de una u otra forma se convirtieron en un tipo de leyenda urbana. Más tarde, ya adulta y con un interés particular en mujeres hondureñas destacadas, me puse la tarea buscar información de este intrigante personaje. Para mi grata sorpresa, encontré en una de las librerías de la ciudad,  el libro El retrato en el espejo, de Janet Gold, un ensayo biográfico y literario en torno a la vida de Clementina Suárez, el cual sirvió de referencia principal para el libro que estamos presentando el día de hoy, La niña que nació para ser poeta: Clementina Suárez, de la escritora hondureña María Eugenia Ramos.

Este libro hace parte de la colección Pispizigaña de la Editorial Guaymuras, bajo el género de biografía infantil y escrito de forma magistral, a mi criterio, por María Eugenia. Quisiera abordar la relevancia de este obra desde dos perspectivas: una estrictamente pedagógica y otra desde una mirada feminista.

Desde el ámbito de la pedagogía, tenemos en el país una deuda histórica con la niñez hondureña, pues por un lado, desde la Convención de los Derechos de Niñez, ratificada por Honduras en 1990, la niñez tiene derecho a tener acceso a literatura e información general sobre su cultura, su identidad y su historia, y para nuestra preocupación, los libros de literatura infantil, escritos por autoría hondureña son muy pocos y por otro lado, debemos valorar su calidad estética y literaria. (Tengo en mi poder, una colección privada de libros de literatura infantil hondureña que no supera los 60 títulos). También,  la evidencia científica es contundente en cuanto a que acceso a la literatura local es fundamental para facilitar el desarrolla de la competencia lectora. Particularmente desde el enfoque sociocultural del aprendizaje de la lectura, se observa la demanda de que la niñez esté expuesta al lenguaje y entorno que reconoce, tanto en el texto escrito como en las ilustraciones o imágenes que le acompañan. Es decir, cuando se reconoce la cotidianidad del texto escrito, el lenguaje común de su ciudad o pueblo facilita la comprensión de la lectura, pues el lenguaje cobra sentido al trascender de la escuela a las prácticas sociales de la familia y la comunidad.

La evidencia científica es contundente en cuanto a que acceso a la literatura local es fundamental para facilitar el desarrolla de la competencia lectora. Particularmente desde el enfoque sociocultural del aprendizaje de la lectura, se observa la demanda de que la niñez esté expuesta al lenguaje y entorno que reconoce, tanto en el texto escrito como en las ilustraciones o imágenes que le acompañan. Es decir, cuando se reconoce la cotidianidad del texto escrito, el lenguaje común de su ciudad o pueblo facilita la comprensión de la lectura pues el lenguaje cobra sentido al trascender de la escuela a las prácticas sociales de la familia y la comunidad.

Desde la mirada feminista, consideramos que todos y todas debemos leer sobre la aclamada escritora, porque sin duda, la calidad de su obra poética no solo es valorada por nuestra gente, sino también por lectores y lectoras internacionales ya que Clementina es su obra. Sin embargo, estoy muy segura que muchos de ustedes escucharon hablar de Clementina Suárez, aquella leyenda urbana, aquella mujer que vivió su vida de acuerdo a sus normas y a sus creencias. Pues es aquí donde valoro enormemente el aporte feminista del porqué María Eugenia, logra desde este libro exquisito, contarnos sin sobresaltos, sin morbo, sin pecado, las decisiones que Clementina tomó en su vida: viajar, navegar, leer, soñar, vivir y sobre todo construirse a sí misma. Es pues, este libro un dispositivo cultural, a mi criterio, poderoso para la niñez, para la juventud hondureña, que puede ver en sus mejores hombres y mujeres, un ejemplo a emular, este libro también es también una herramienta de empoderamiento, de fortaleza y de libertad. Clementina siempre supo, desde muy niña, que iba a ser diferente y sin duda lo fue.

Termino invitándoles a adquirir siempre de la misma autora, La maestra Choncita, el recuento biográfico de Visitación Padilla para la niñez. En este libro, me enteré que por sus méritos y de forma oficial en el año 2008, el Congreso Nacional la declaró heroína nacional. Paradójicamente, hoy en día, una década después, Visitación Padilla está ausente de los murales cívicos en los centros educativos en el mes de septiembre, poniendo de manifiesto la invisibilización de esta beligerante mujer política.

_____________________
*Ligia Aguilar. Tegucigalpa (1973). Máster en Educación, Eficacia y Mejoramiento Escolar, por la Universidad de Groningen, Holanda. Licenciada en Letras y Lenguas Inglesas de la Universidad Pedagógica Francisco Morazán. Actualmente es la Oficial de Educación para la Fundación Infantil Pestalozzi, con casa matriz en Suiza. Se ha desempeñado como subdirectora y gerente técnica del Proyecto Educación implementado por los Institutos Americanos de Investigación AIR, que se ejecutó en 120 municipios de Honduras.

7 de octubre de 2014

Poesía completa de Clementina Suárez

Nota preliminar



¿Quién hay ahora que no se rebele
y no tenga en el alma una voz incendiada?
Luchando estamos por el sitio del cuerpo
y hasta por la inicial del nombre.
Clementina Suárez
  

“Loca”, “irreverente”, “bohemia”, “atrevida”, “inconforme”, “rebelde”, “perversa”, “cínica”. Estos han sido algunos de los calificativos utilizados para definir a Clementina Suárez, especialmente en el medio hondureño, quizás porque, como señalara el orador y escritor mexicano José Muñoz Cota, “los hondureños […] solamente tienen ojos para escandalizarse ante sus movimientos, pasmarse ante sus audacias y cruzarse de brazos con sus gestos”.[1]
Cubierta de Poesía completa de Clementina Suárez.


Desde luego, no todos los hondureños y hondureñas hemos compartido esta visión, que si bien forma parte de la leyenda de Clementina Suárez y su poderoso atractivo, resulta incompleta a la hora de valorar el significado de la vida y la obra de quien como mujer y como poeta se adelantó a su tiempo.  Medardo Mejía fue de los primeros en vislumbrar la significación continental de Clementina al afirmar que “ha superado su concepción estética”; “ha hecho quedar lejos la rebeldía amatoria de Juana de Ibarborou y mucho más lejos la canción lunar, jazmines […] y paralelamente va dejando abandonados a los grupos que la admiran […]. Y tuvo la gallardía de reconocer que “aun yo, su viejo compañero y amigo, quedo como un fracaso artístico, desgreñado entre músicas rotas”.[2]

El historiador Ramón Oquelí se refirió en 1966 a Clementina Suárez como “una figura femenina que ha simbolizado siempre la inconformidad, el no uncirse a los carros de triunfos momentáneos, el no saber venderse, el de hacer surgir en la pobreza y casi como un milagro, la dignidad”; elogio particularmente significativo si se toma en cuenta que en el mismo artículo afirma que “mi generación (en la que incluyo a los nacidos entre 1930 y 1944) ha crecido sin maestros. Lo más que tuvimos fueron eficientes profesores […]. Pero no encontramos claros ejemplos a seguir, sensibilidades alertas a lo que ocurría en el mundo, y que se hubieran atrevido a denunciar nuestro progresivo embrutecimiento”.[3]  

Otros escritores hondureños también se refirieron en términos elogiosos a Clementina Suárez, entre ellos Augusto C. Coello, Marcos Carías Reyes, Rafael Paz Paredes, Martín Paz y Hostilio Lobo. No obstante, han sido intelectuales de otros países de América Latina quienes han sabido valorar con mayor precisión la obra poética de Clementina Suárez. Para el caso, en 1957 el poeta guatemalteco Alfonso Orantes afirmaba que “Clementina Suárez ha demostrado […] a través de una existencia fervorosa y fecunda en realizaciones, clara y heroica, que no nos equivocábamos al anunciar, con su aparecimiento, a un poeta auténtico con fresca inspiración original que ahora, en su madurez, nos ofrece una obra llena de vigor, equilibrio y depuración […] logrados por la precisión de su lenguaje, la sobriedad de las metáforas y la abundancia de bellas imágenes”.[4]

Por su parte, la poeta, ensayista y dramaturga salvadoreña Matilde Elena López apuntaba:
“Desde Safo nunca había vibrado una voz tan altamente lírica como la de Clementina Suárez. Una voz que conlleva gritos universales y resonancias profundamente humanas. Pero si Safo cantó al amor como no se había cantado nunca, como un puro esplendor de ternura que causó admiración a los griegos hasta el punto de considerar a la poetisa de Lesbos como a la décima musa, en la poesía de Clementina Suárez hay algo más: un hondo sentimiento trágico y universal […].”[5]

Y mientras el poeta guatemalteco Otto René Castillo sostenía que “estamos en deuda con Clementina Suárez, es incalculable lo que Centroamérica le debe a Clementina Suárez”,[6] la poeta salvadoreña Claudia Lars atestiguaba: “En Veleros, Clementina se revela como la primera poetisa centroamericana que […] está ya suficientemente experimentada para asumir su responsabilidad de artista […]. Mientras nosotras (sus hermanas del arte) no abandonábamos aún los gastados y roídos temas del mundo que se acaba, Clementina vivía valientemente la verdad de su sueño y de su sangre, pisoteaba prejuicios, desgarraba máscaras engañosas y se mezclaba al clamor de los humildes miserables. […] Debo a Clementina Suárez la primera llamada, en mi arte, hacia lo colectivo.[7]

De estos juicios emitidos por autores y autoras cuyo prestigio ha sobrepasado las fronteras centroamericanas, se desprende que de Clementina Suárez no conocemos aún lo suficiente en nuestro propio país. La mayoría de los estudios que se han hecho sobre ella enfatizan en su vertiente erótica; o, más que en su obra, se enfocan en las vicisitudes de una vida sin duda excepcional. Para llegar a entender a cabalidad la importancia de esta figura renovadora de la poesía hondureña, es preciso conocer la totalidad de su obra, lo cual no había sido posible debido a la dificultad para encontrar ejemplares de los libros que publicó en vida, con excepción de las antologías.
En tal sentido, y parafraseando a Otto René Castillo, es necesario decir que “seguimos en deuda con Clementina Suárez”. Hacen falta estudios que profundicen en las vertientes históricas y literarias de su poesía; en su evolución creadora, del sentimentalismo romántico e ingenuo de sus primeras obras, a un estilo vanguardista, no solo en la forma, sino en el contenido. Es de suma importancia entender, por ejemplo, cómo la revolución socialista de octubre en Rusia, cuyos ecos le llegaron en su viaje a La Habana, en los años treinta, y el haber conocido en México al poeta español León Felipe, brillante figura de la generación de 1927, influyeron en la temática y las metáforas empleadas por Clementina Suárez a partir de Veleros; y por qué temas universales como el amor de pareja, la maternidad y la muerte, son tratados de manera dramáticamente distinta por la misma autora cuando comparamos, por ejemplo, Corazón sangrante, su primer libro, publicado en 1930, con De la desilusión a la esperanza, de 1944.

El carácter fundacional de la poesía de Clementina Suárez ha sido reconocido por estudiosos como Rigoberto Paredes: “Desconocer su nombre (...) sería como privar a nuestras letras y, por qué no decirlo, a un período significativo de la actual formación cultural hondureña, de una voz, de una actitud con caracteres fundacionales”.[8] Sin embargo, aún hace falta precisar las características que alejan a Clementina Suárez de la poesía hondureña escrita por sus contemporáneos y la colocan entre los y las poetas de vanguardia de América Latina; por ejemplo, en poemas como “Poema del paso desatado”, incluido en el ya mencionado De la desilusión a la esperanza, o “En pretérita casa”, de El poeta y sus señales, publicado en 1969.

Dicho en otras palabras, solo al leer la obra completa es posible, no solo seguir las huellas de ese “aprendizaje difícil”, como lo llamara Helen Umaña,[9] sino identificar a dónde llegó Clementina Suárez como poeta, con el propósito de trascender el mito y ubicarla finalmente en el lugar que le corresponde dentro de la literatura hondureña.

Estas son algunas de las razones que llevaron a la Editorial Universitaria a acometer la tarea de recopilar la obra completa de esta sorprendente mujer. Sorprendente en cualquier época, pero más aún al recordar que nació a principios del siglo pasado en Olancho, de familia terrateniente, vivió en la Tegucigalpa de la primera mitad de ese siglo, confrontada con una sociedad en la que el patriarcado y el puritanismo han estado firmemente arraigados, y publicó gran parte de su obra durante la dictadura de Tiburcio Carías Andino.
Hay que decir que no hemos sido los primeros en intentar reunir todos sus libros en un solo volumen. Los investigadores e investigadoras que se propusieron hacerlo antes que nosotros saben que de la Biblioteca Nacional se han perdido, en anteriores administraciones, las obras que en su momento donó la familia de la poeta. Si bien el escritor Eduardo Bähr, actual director de esa institución, nos facilitó los escasos títulos de Clementina Suárez que pudo encontrar, fue su hija Alba Rosa Suárez quien nos confió los que tal vez sean los últimos ejemplares originales que quedan de Corazón sangrante y de De la desilusión a la esperanza, así como un facsímil del poemario en prosa De mis sábados el último, además de varias fotografías de gran valor.

Debemos agradecer también al poeta comayagüense Néstor Ulloa, quien tuvo la buena fortuna de encontrar y rescatar un ejemplar original de Los templos de fuego y gentilmente lo puso a nuestra disposición.

Todo este esfuerzo no hubiera podido llegar a feliz término sin el invaluable apoyo que desde la Universidad de New Hampshire nos brindó la profesora Janet Gold, estudiosa de la literatura latinoamericana y biógrafa oficial de Clementina Suárez. Ella escaneó y nos envió en archivo digital los poemarios que no habíamos encontrado en ninguna otra parte: Iniciales, Veleros y Engranajes, con lo cual finalmente pudimos incorporar la totalidad de los títulos que forman la obra publicada por Clementina Suárez.

En esta edición se han organizado los libros en orden cronológico a partir de 1930, fecha de publicación de Corazón sangrante e Iniciales,  este último un libro colectivo que reúne poemas de nuestra poeta, del hondureño Martín Paz y de los mexicanos Lamberto Alarcón y Emilio Cisneros Canto.[10] Siguen De mis sábados el último, poemas en prosa, y Los templos de fuego (ambos de 1931); Engranajes, poemas en prosa y verso (1935); Veleros (1937); De la desilusión a la esperanza (1944); Creciendo con la hierba (1957); Canto a la encontrada patria y a su héroe (1958); El poeta y sus señales (1969); y Con mis versos saludo a las generaciones futuras (1988). De los dos últimos, por tratarse de antologías, solo se agregan los poemas que no figuran en los libros anteriores. Los poemas que la autora incluyó en más de un libro aparecen una sola vez, en el que corresponde a la primera publicación, con una explicación a pie de página.

Finalmente, en el apartado Otros poemas, se incluyen dos que no figuran en ninguna de las obras antes mencionadas, pero aparecen sin fecha en el Índice general de la poesía hondureña, de Manuel Luna Mejía, publicado en 1961.

Se han omitido los prólogos, en algunos casos por tratarse de meras palabras de cortesía de algún amigo, y además porque todos están disponibles en el compendio de reseñas y artículos Clementina Suárez, citado en esta nota.

Se ha respetado la forma de escribir propia de la autora, incluyendo el uso de ciertas palabras no aceptadas en el español, en cuyo caso se hace la anotación correspondiente, salvo que su significado sea evidente en el contexto o sean parte del habla hondureña. No obstante, se ha procurado modernizar la ortografía, respetando, sin embargo, el uso de algunas mayúsculas que para la autora eran de gran significación, por ejemplo, en la palabra “amado”.

Esperamos que el esfuerzo de la Editorial Universitaria por lanzar esta publicación en el marco del Año Académico 2012 “Clementina Suárez”, llamado así por las autoridades de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras en reconocimiento de los méritos de la poeta, encuentre amplia acogida en los ámbitos literarios y académicos de Honduras y del extranjero. Pero, sobre todo, confiamos en que contribuirá a que las nuevas generaciones conozcan y hagan suyo el legado de esta mujer irrepetible, haciendo honor a su testamento poético: “Hoy mi pequeñísimo cuerpo empuja las estrellas / y con mis versos saludo a las generaciones futuras”.

Ciudad Universitaria, octubre de 2012.

María Eugenia Ramos


NOTAS



[1] Muñoz Cota, José (s.f.). “A través de mi cámara en el cumpleaños de Clementina”, en Clementina Suárez (1982). Tegucigalpa: Litografía López, p. 69.
[2] Mejía, Medardo (s.f.). “Clementina Suárez”. En op. cit., pp. 9-10.
[3] Oquelí, Ramón (1966). “Clementina Suárez”. En op. cit., p. 129.
 [4] Orantes, Alfonso (1957). “Clementina Suárez, ángel rebelde y la permanencia poética”. En op. cit., p. 19.
[5] López, Matilde Elena (s.f.). “Creciendo con la hierba de Clementina Suárez”. En op. cit., p. 23 (el subrayado es mío).
[6] Castillo, Otto René (1967). “Clementina Suárez en Centroamérica”. En op. cit., p. 79.
[7]  Lars, Claudia (s.f.). “Palabras sobre Clementina Suárez”. En op. cit., p. 85.
[8] Paredes, Rigoberto (1988). Prólogo a la antología Con mis versos saludo a las generaciones futuras. Tegucigalpa: Ediciones Paradiso. Citado por Ramos (2002), en Visión de país en Clementina Suárez y Alfonso Guillén Zelaya. Tegucigalpa: PNUD, Colección “Visión de País” N° 4.
[9] Citada por Ramos (2002).
[10] En esta edición se incluyen solo los poemas que Clementina Suárez aportó a esta obra colectiva.

Fuente: Ramos, María Eugenia (2012), comp. y ed. Poesía completa de Clementina Suárez. Editorial Universitaria, Tegucigalpa. 

Leer y descargar Yo, tú, ellos, nosotros. Apuntes sobre la praxis poética y vital de Clementina Suárez

21 de abril de 2013

Porque ningún sol es el último


Cubierta de la primera edición, Paradiso, 1989.


Prólogo de la segunda edición

A finales de la década de los ochenta yo estudiaba Letras en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, en uno de mis fallidos intentos por vencer mi resistencia a sentarme en un aula todos los días en aras de obtener lo que llamamos “cartón”, es decir, un  grado académico. Sigo resistiéndome, pero esa es otra historia.

En ese entonces uno de mis maestros era el poeta Rigoberto Paredes, y se me ocurrió mostrarle algunos poemas sueltos que había ido escribiendo a lo largo de los años, principalmente durante el tiempo que estuve fuera de Honduras. Para mi alegría y sorpresa, al devolvérmelos me dijo que le parecían bastante aceptables, y me pidió trabajarlos como libro para publicarlos en el proyecto editorial que acababa de iniciar, Ediciones Paradiso. 

Aunque escribo desde antes de ir a la escuela primaria, hasta entonces no había publicado ningún libro, y tomé muy en serio la recomendación del poeta Paredes. Pedí vacaciones en el empleo que tenía y me puse a trabajar en la selección de los poemas, desechando varios, mejorando otros y escribiendo algunos más. Debo agradecer a Marlom Portillo, quien en ese entonces era mi compañero y padre de mi hija Andrea, porque durante el tiempo que necesité para completar mi tarea se hizo cargo de nuestra bebé, entonces de dos años, para que yo pudiera dedicarme exclusivamente a escribir, lujo que, entre paréntesis, es la única vez que me he dado.

Así nació Porque ningún sol es el último, mi primer libro y una grata experiencia para mí en muchos sentidos. Tuve el honor de que Clementina Suárez escribiera el prólogo, y de recibir comentarios elogiosos en la prensa nacional y de escritores y estudiosos reconocidos como el propio Rigoberto Paredes, José Adán Castelar y Helen Umaña. Mi padre aún vivía y la noche de la presentación llegó con su andador y su audífono, muy orgulloso de verme como escritora. 

Afortunadamente ahora hay muchas mujeres escribiendo nueva poesía, pero entonces mi libro fue una novedad. Con la excepción de Clementina Suárez, quien desde los años cuarenta había despegado en solitario hacia la poesía vanguardista, en Honduras había muy pocas mujeres poetas, y entre esas pocas predominaba la rima dedicada a los clásicos temas “femeninos”, como el amor sumiso. Yo, por el contrario, opté por distanciarme en forma y fondo de estos temas, no para “romper” con mis contemporáneas, sino para aproximarme a la poesía que había leído y me gustaba, sobre todo la de César Vallejo y Miguel Hernández. 

Aunque algunos de los poemas de este libro, quizá la mayoría, probablemente sean ingenuos, tienen mucho significado para mí, y posiblemente también para quienes en la década de los ochenta vivieron persecusión y exilio. Quizá la honestidad con que fueron concebidos haya influido para que, a pesar de no figurar por lo general en las antologías publicadas en Honduras, sí aparezcan en diversas antologías de poesía hondureña y centroamericana publicadas en el extranjero, como la recopilación bilingüe francés-español Poésie Hondurienne du Siècle XX, de Claude Couffon, publicada en Ginebra en 1997; o Puertas abiertas. Antología de poesía centroamericana, publicada en 2011 por Sergio Ramírez con el sello del Fondo de Cultura Económica de México. Además, fui invitada en 2001 a participar en el Festival Internacional de Poesía de Medellín. Y nada de esto hubiera sido posible sin este pequeño libro de apenas 50 páginas.

Sin embargo, la verdadera razón por la que he decidido hacer esta reedición es porque personas jóvenes que han leído mi poesía, entre ellas mi hija Andrea, creen que les “dice” algo y que se sienten identificadas con ella. Para esos y esas jóvenes, y para las personas que, en las raras ocasiones en que participo de eventos literarios, me dicen: “vine a oírla leer”, comparto estos textos, con la esperanza de que con el correr del tiempo continúen diciendo algo que valga la pena escuchar.

Tegucigalpa, abril de 2013.

María Eugenia Ramos
Descargar el libro

Cubierta edición electrónica, 2013.
Contracubierta edición electrónica, 2013.

23 de enero de 2013

Visitantes entrañables

Los gatos y los libros combinan a la perfección. Por eso, toda editorial, librería o bliblioteca que se precie de tal debe tener sus propios gatos. Esta es una familia que apareció en los alrededores de mi oficina en la Unah. Son semisalvajes, pero agradecen la comida que se les da. A cambio, nosotros obtenemos caché. Y una sensación de gozo que solo los que aman a los animales pueden entender.

La idea es encontrarles hogares. Para Clementina (/la gata madre) será más fácil, se ve que ha tenido convivencia con humanos. El gatito, como está muy pequeño, podría adaptarse. Con el padre será mucho más difícil. Pero da ternura verlos juntos, no quisiera separarlos.

Las redes y personas amantes de los animales han mostrado interés y hasta han colaborado llevándoles concentrado. Ojalá que puedan permanecer allí sin que personas entrometidas, de esas que sobran, quieran hacerles daño. Porque ellos no hacen daño a nadie, al contrario, contribuyen a despejar el campus de ratones, que abundan sobre todo en estos días, cuando no hay estudiantes.


D.R. Maria Eugenia Ramos
Clementina, la madre de la familia, y su hermoso hijo, al que provisionalmente he llamado Mischief (en inglés, travieso). Por supuesto, el nombre de la madre es un homenaje a la gran poeta Clementina Suárez.

D.R. Maria Eugenia Ramos
En los primeros días era muy difícil tomarle fotos a Mischief, se quedaba lo más lejos posible, y esto si se dejaba ver. Aquí tomando el sol en una macetera.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Ni siquiera miraba a la cámara. Un salvajillo total.

D.R. Maria Eugenia Ramos
¡La gran Clementina! Es una belleza. Manto color chocolate, guantes blancos y botas blancas altas, preciosos ojos verdes.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Aún no he podido fotografiar bien al padre. Es un gato grande, atigrado, con una hermosa cola de angora. Sobreprotector de su familia y muy amoroso con Mischief. Espero poder tomarles foto cuando se están dando besitos.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Comiendo con mamá.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Alguien, con buena intención, les puso huesitos. Por suerte, ellos prefieren el concentrado. No, Clementina no está amenazando a la cámara, aunque lo parece. Solo está pidiendo con buenos modales que la dejen en paz.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mischief ya permite que se le tomen fotos de cerca, especialmente porque ve que mamá no me teme y hasta permite que la acaricie.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mischief decidió tomar un poco de agua, pero el recipiente es muy alto para él.
D.R. Maria Eugenia Ramos
Me agacharé más... solo otro poquito...
D.R. Maria Eugenia Ramos
¡Plungún! Se dio vuelta...

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mamá Clementina no quiere mojarse las patas y mejor se baja.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Estoy apenado... mejor me subiré a este árbol. 

D.R. Maria Eugenia Ramos
Clementina posiblemente alguna vez fue gata de casa, porque permite que la toque y ronronea, lo cual me hace feliz.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Su amistad me honra. 

5 de marzo de 2011

Yo, tú, ellos, nosotros. Apuntes sobre la praxis poética y vital de Clementina Suárez

Clementina Suárez, retratada por María Williams Talavera.
El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo publicó este breve ensayo en el No. 4 de su Colección "Visión de País", con el título La visión de país en Clementina Suárez y Alfonso Guillén Zelaya. Aquí un fragmento:

En la búsqueda de la construcción del proyecto de país aún pendiente, en Honduras subsisten muchos espacios que no han sido lo suficientemente explorados, en los cuales hay un potencial valioso para la configuración de una visión propia como pueblo y como país. Uno de ellos es el estudio de la literatura como parte esencial del imaginario y de la conciencia colectiva necesarios en la conformación de una identidad propia.
Sin duda, Clementina Suárez (Premio Nacional de Literatura 1970) es una de las figuras más representativas de la poesía hondureña del siglo XX, tanto por la trascendencia y significado de su obra misma, como por lo sostenido de su producción, que inicia en 1930 y no termina sino hasta tres años antes de morir asesinada en circunstancias aún no esclarecidas, en diciembre de 1991; es decir, abarca seis décadas de la historia literaria y social del país.
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