lunes, 23 de marzo de 2015

Ventura Ramos, una dignidad para los tiempos

Por Félix Cesario

Segundo de izquierda a derecha, el autor de este artículo; a a su lado,
Ventura Ramos, durante una actividad del Sindicato de Trabajadores de
la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (años ochenta).
 Foto: Del archivo de Cesario Padilla. Ver foto en la página original

Era de mediana estatura, parco y suave a la hora de hablar. En pocas palabras resumía el análisis de cualquier tema de actividad social entendiendo por actividad social todo acto humano o un consejo para el amigo. Físicamente no era agraciado, pero era propietario de la belleza del patriotismo nacional, como tres o cuatro hondureños más que le han dado gloria a la patria. Con claridad educativa en los escritos, ya que fue por casi diez años editorialista de Diario Tiempo.

Es y ha sido el poeta del poema más bello y concreto de la historia literaria nacional, apenas de nueve palabras: “ alba de mis sueños, siempre  en pos de ti”, bellísimo poema amoroso social que leído a lo largo de mi vida, la nostalgia sosegada, y la furia contenida y –por qué no decirlo frustrada porque nunca miró la santísima libertad por él soñada en el templo de la patria prostituida por hombres y mujeres sin decoro.

Alejado del dogmatismo ideológico que tanto daño causó al Partido Comunista Hondureño se percibía en sus editoriales el sereno, patriótico y educativo mensaje del sentido de nacionalidad… a grado tal que en cierta ocasión llegó hasta la dirección general del influyente y desaparecido Diario El Cronista, específicamente hasta la oficina de doña Carlota Bertrand de Valladares, un señor de apellido Larach con dos cheques; uno como contribución por la defensa y ponderación de una controversia del Mercado Común Centroamericano. Y le dijo textualmente: “Este cheque es un aporte para el periódico, por la defensa de la empresa privada hondureña…y este otro es para que corra al comunista aquel” señalándole al maestro Ventura. Doña Carlota se sonrió y le contestó: “Mire, no puedo aceptarle dichos cheques”. “¿Por qué…?”, le ripostó el señor Larach. “Simple”, le dijo Doña Carlota, “porque ese comunista es el que hace los editoriales defendiendo al empresariado hondureño”. Así son de torpes los señores adinerados de mi país. Y así actúa un patriota en defensa de los intereses de la nacionalidad, alejado de prejuicios ideológicos. Nadie pondrá en duda el accionar marxista de don Ventura Ramos.

La historia con la veracidad y frialdad de las emociones y pasiones, y los historiadores, han abundado sobre la vida de don Ventura, y lo han situado en el lugar de honor que se merece, sin quitarle y más bien agregándole a su hoja de vida datos, más bien anecdóticos, a su ejemplar conducta. Con él fuimos compañeros de trabajo. Por razones de su dignidad y de su capacidad didáctica, un grupo de compañeros de la Escuela de Periodismo, allá por los primeros años de la década de los ochenta, hicimos gestiones de que impartiera cátedra en dicho departamento en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH). Fue mi maestro en las asignaturas de Periodismo de Opinión y Ética y Legislación de Prensa. Así que Ventura Ramos forjó una generación de profesionales de la comunicación que hoy por hoy recordamos al severo y humanístico maestro Ramos Alvarado.

Intereses mezquinos y fascistoides hicieron que el maestro don Ventura Ramos, como lo llamábamos aquella generación estudiantil, maniobraran hasta lo imposible para que la Escuela de Periodismo de la UNAH nos arrebatara del privilegio de contar con la calidad pedagógica de tan ejemplar docente. La historia nos dio la razón; hoy por hoy la UNAH y la historia ha situado a don Ventura Ramos en el altar de honor patrio que él se merece y que aún le quedan debiendo. Hoy por hoy don Ventura es Ventura Ramos, la historia solamente hizo justicia. El maestro Ventura Ramos es uno de los de siempre en la hectografía [sic] hondureña, sobra y basta con esto. Los que intentaron ensuciar su nombre son y serán argamasa de su pedestal cívico. Observadlos bien, son parte de la zoología nacional.

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