8 de abril de 2012

Roma, peligro para caminantes

Como miles de personas en el mundo, siempre quise conocer Roma y siempre pensé que era uno de tantos sueños imposibles. Estaba en el colegio cuando leí Roma, peligro para caminantes, de Rafael Alberti, en una bonita edición de Seix Barral, y desde entonces me intrigaron esas callejuelas empedradas y los gatos que acompañaron el exilio del poeta español.

No puedo quejarme, la vida ha sido muy generosa y me dio la oportunidad cuando mi amiga la periodista Rossana Guevara fue nombrada embajadora en Italia y ella me propuso al Instituto Italo Latino Americano (IILA) para participar en representación de Honduras en la edición 2010 del encuentro "América Latina, Tierra de Libros", que se realiza en el marco de "Più libri più liberi" ("Más libros, más libres", feria de pequeños y medianos editores italianos. (Al respecto, ver más en Lo que escribo.) Gracias al apoyo de la UNAH pude hacer el viaje y aquí lo documento en fotos.

Foto: IILA, 2010
El 6 de diciembre de 2010, en el marco de la tercera edición del encuentro América Latina, Tierra de Libros, el Instituto Italo Latino America (IILA) organizó el conversatorio "Voces de América". Participaron los escritores Louis Philippe Dalembert, Haití (segundo de i a d), Santiago Gamboa, Colombia (cuarto de i a d, atrás), Carlos Iotti, Brasil (quinto de i a d), Claudia Souza, Brasil (cuarta de i a d, al frente), Lucrecia Méndez, Guatemala (tercera de d a i), Dante Liano, Guatemala (primero de d a i), Leonardo Padura, Cuba (segundo de d a i), Cotié Santana, Chile (cuarta de d a i) y María Eugenia Ramos, Honduras (tercera de i a d, al frente). Moderaron el evento Stefano Tedeschi y Patricia Rivadeneira (sexto y séptima, respectivamente, de i a d).

Mi propia Roma
(c) M. E. Ramos 2010
Participé en el conversatorio "Mujeres que escriben en países emergentes", realizado en uno de los salones de la Feria. Sin embargo, yo era la única escribiendo en un país subdesarrollado o "emergente", pues las demás residen en Europa.
(c) M. E. Ramos 2010
Una cierta nostalgia en el stand del IILA.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
  (c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Entrada de la Feria "Più libri più liberi".
(c) M. E. Ramos 2010
En las Ruinas del Lago vive una comunidad de gatos que fueran abandonados por sus dueños y hoy son cuidados por un grupo de voluntarios, no solo de Italia, sino de varios países del mundo, con donaciones de la ciudad.
(c) M. E. Ramos 2010
Gato romano. Nótese el parecido con el dibujo de la cubierta de la edición de Seix Barral de Roma, peligro para caminantes.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Inmigrantes coreanos ofrecen artesanías a los turistas.
(c) M. E. Ramos 2010(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Numerosos mendigos, especialmente mujeres de edad avanzada, piden limosna en las calles de Roma. Según me informaron, la mayoría proviene de Rumanía y otros países del antiguo bloque socialista.
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Algunos mendigos piden limosna acompañados de sus perros.

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Con la embajadora Rossana Guevara.
(c) M. E. Ramos 2010
Mercado de domingo.
(c) M. E. Ramos 2010
Rincón infantil de la Feria.
(c) M. E. Ramos 2010
Libros, tan apetitosos como el manjar más exquisito.
(c) M. E. Ramos 2010
Aunque estos caballos parecen bien cuidados, los defensores de los animales consideran que los explotan trabajando muchas horas en cualquier condición climática. 
(c) M. E. Ramos 2010
La clásica calesita.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Este perro espera a su dueña a la puerta de una cafetería.
(c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010
Una bandada de aves migratorias dibuja figuras caprichosas sobre el cielo de Roma.
(c) M. E. Ramos 2010
Bandada de aves migratorias sobre el cielo de Roma (2)
 (c) M. E. Ramos 2010
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Uno de los pasillos de la feria.
(c) M. E. Ramos 2010

(c) M. E. Ramos 2010
Solo fue una visita de tres días, pero bastó respirar su aire para constatar que Roma sigue siendo peligro para caminantes, que nos vamos soñando con regresar algún día.

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5 de abril de 2012

“Busco traducir mis sueños a palabras”: entrevista de Óscar Urtecho a María Eugenia Ramos

Sábado 26 de noviembre de 2011


María Eugenia Ramos (primera a la izquierda) en una de las actividades de la
FIL Guadalajara 2011, con Claribel Alegría y Sergio Ramírez Mercado.

La escritora hondureña participará desde mañana como invitada en la Feria del Libro de Guadalajara, México. Antes de irse habló en exclusiva para Siempre sobre su trabajo poético y narrativo.


La Feria del Libro de Guadalajara, la más prestigiada en lengua española, cumple 25 años en 2011 y los celebra con el proyecto "Los 25 secretos mejor guardados de Latinoamérica": un grupo de escritores poco conocidos que han sido seleccionados para presentarlos al público y profesionales que concurren a esta cita anual del mundo del libro. 
María Eugenia Ramos es uno de esos secretos mejor e injustamente guardados. Esta escritora hondureña tiene la estatura pequeña, la sonrisa levemente irónica y la voz clara, acostumbrada a las grandes audiencias, ya sea como oradora ante masivas manifestaciones en su época de dirigente estudiantil o como educadora, dado que estudió magisterio.
La Feria del Libro, dedicada este año a Alemania, empezó ayer y termina el próximo 2 de diciembre, y en ella, además de "Los 25 secretos mejor guardados de Latinoamérica", se presentarán escritores de gran significación internacional como Herta Müller, Mario Vargas Llosa, Juan Gelman y Sergio Ramírez. Antes de su partida a Guadalajara para encontrarse con ellos, María Eugenia se reunió con nosotros para compartir un café y contarnos sobre su vida, su obra y sus secretos. Estas son sus palabras:
Háblenos un poco de lo que significa para usted esta experiencia de ser invitada a la Feria del Libro.
En primer lugar, es una gran sorpresa que me hayan incluido en una lista de escritores considerados "de gran potencial", seleccionados en un proceso que, según los organizadores, implicó la lectura de decenas de obras por un equipo de editores, libreros, periodistas y críticos. La selección final recayó en un comité de lectores, que eligieron a 25 autores de 15 países. Entre los seleccionados hay nombres reconocidos, con numerosos títulos publicados, no solo en sus países, sino también en Europa, en tanto que yo he publicado poco. Aún estoy con la boca abierta y temiendo que me llamen diciendo que fue un error... Se trata de un gran compromiso, porque en adelante tengo que escribir y publicar mucho más para corresponder al honor de esta invitación.
¿En qué actividades participará en la feria?
Estaré en las presentaciones de los "25 secretos", con participación especial el día 28 (mañana lunes). Además, asistiré a las presentaciones de dos nuevas antologías centroamericanas publicadas por el Fondo de Cultura Económica, en las que aparezco; una de cuento, "Puertos abiertos", y otra de poesía, "Puertas abiertas". También habrá eventos sociales en los que compartiremos con el presidente del Comité Organizador de la feria e invitados especiales.
Usted tiene dos libros publicados, ¿a qué se debe que no haya vuelto a publicar?
Paradójicamente, han influido tanto el descuido como el exceso de cuidado. Descuido porque me he dejado absorber por las exigencias del día a día, en trabajos que poco se relacionan con la literatura, y no he hecho un esfuerzo por dedicarle tiempo a mi vocación. Y por otro lado, exceso de cuidado, porque pienso que es preferible publicar poco, con la seguridad de que lo publicado tiene las cualidades mínimas para merecer ser leído, en lugar de publicar mucho solo por vanidad o para que nos compren libros, peor aún si los estudiantes se ven obligados a comprarlos a cambio de una calificación, o si los venden docentes que se quedan con una comisión.
Varios escritores nacionales han salido a la luz con sus trabajos en los últimos años. ¿Podría decirnos qué opina sobre esta literatura nacional que está surgiendo?
Tengo mucho optimismo sobre autores jóvenes que han surgido recientemente, cuyas obras están a tono con lo que se está escribiendo en la actualidad en otras partes del mundo. Son voces que aportan frescura y desenfado, pero también diversidad y profundidad. La literatura hondureña ya no se compone solo de los mismos nombres que nos vienen repitiendo desde la primaria, sino de muchos otros que merecen ser leídos, como Gustavo Campos y Dennis Arita. Siempre que puedo promuevo a estos autores y autoras jóvenes en los espacios donde participo.
Cada vez que se menciona su nombre en el ambiente periodístico y literario, inmediatamente se le relaciona con don Ventura Ramos. ¿Siente que la figura de su padre, además de haber influido en su desarrollo y su educación, es una especie de sombra, como ocurre en algunos casos de hijos de famosos?
No me molesta que se mencione el nombre de mi padre; al contrario, me siento orgullosa de ser su hija. Muy pocas personas en Honduras disfrutan del privilegio de haber tenido un padre, no solo amoroso, sino además respetado, admirado y querido por su talento autodidacta y su honestidad, y yo tengo ese privilegio. Naturalmente que él no esperó nunca de ninguno de sus hijos que fuéramos una copia de sus logros, y en ese sentido cada uno de nosotros tiene sus propios méritos y se ha desarrollado en distintos campos. Mi hermano mayor es un patólogo ya jubilado que se abrió campo como docente e investigador en una universidad de Estados Unidos; mi hermana mayor también es profesional de la medicina y se ha dedicado al estudio y prevención de las adicciones. Yo he sido la menos aplicada en el campo académico, pero la habilidad para redactar me ha permitido ganarme la vida decorosamente, como editora. Mi padre estaría muy orgulloso de saber que he publicado y que estoy abriéndome camino fuera de Honduras como escritora.
Esta pregunta es casi obligada, dado que usted es una defensora de los derechos de la mujer: ¿cómo se consolida una mujer en el oficio de escritora en Honduras?
Considero que, si bien siempre hay ciertas desigualdades de género entre escritoras y escritores (evidenciadas en las antologías, por ejemplo), se ha avanzado mucho en cuanto a los espacios ganados por las mujeres en la literatura. Hace poco estuve releyendo una ponencia que presenté en 1992 en un encuentro de escritores de México y Centroamérica, titulada "Lenguaje, literatura y mujer en Honduras", en cuyo último párrafo planteaba la esperanza de que en el futuro las antologías y las mesas de lectura en Honduras no estuvieran compuestas solo por hombres, sino por hombres y mujeres. Pues bien, siento que hoy, dos décadas después, es muy raro encontrar una lectura en la que solo participen escritores hombres, aunque se sigue dando.
Pongámonos un poco menos serios y hablemos de cosas más light. ¿Qué significa ser escritor?
Creo que cada quien tiene su propia visión de lo que significa ser escritor o escritora, desde su experiencia particular. Para mí ser escritora ha significado tener más distracciones que la mayoría de las personas; en ese sentido tengo anécdotas famosas entre mi círculo de amistades. Sueño mucho y hago poco.
Si su hija quisiera ser escritora, ¿qué le recomendaría?
Mi hija no quiere ser escritora, pero es mi fan número uno, y le estoy muy agradecida por eso. En todo caso, si quisiera escribir, le recomendaría leer, escuchar y vivir, todo en grandes cantidades y con mente abierta, y dejar "remojando" sus textos el mayor tiempo posible antes de publicarlos.
Hablo con muchos poetas hondureños y parece que sufren mucho y les va muy mal, ¿qué visión tiene usted de los poetas, en un sentido general, claro?
Ernesto Sábato decía que los escritores son sobre todo exagerados. Por otro lado, los escritores y artistas en general somos más sensibles que la mayoría de las personas. Todo ello influye para que fácilmente seamos víctimas de lo que en el siglo diecinueve se conocía como "el mal metafísico", la bohemia, la autodestrucción. Como en cualquier otro sector de la población, tenemos también personajes acostumbrados a vivir a expensas de los demás, que invocan toda clase de tragedias para que los compadezcamos. Hay otros que verdaderamente tienen conflictos sin resolver, entre los cuales me incluyo. Algunos los evaden recurriendo al alcoholismo, lo cual afortunadamente no es mi caso, y también, en ciertos casos, logran aprovecharlos como fuente de su poesía. Mi visión es que somos personas comunes y corrientes que nos damos el lujo de crear nuestros propios mundos. El cómo aprovechemos ese don o lo desperdiciemos, depende de cada quien.
En un mundo como el de ahora, ¿vale la pena seguir escribiendo poesía?
La poesía siempre será necesaria, especialmente si el mundo en que vivimos se cae en pedazos.
¿Qué busca María Eugenia Ramos al escribir sus libros?
Busco traducir a palabras los sueños que tengo, ya sea dormida o despierta.
¿Qué es lo peor que le ha pasado como escritora?
Las mayores vergüenzas que he pasado, ya sea con el sombrero de escritora puesto o en cualquier otra circunstancia de la vida, han sido debido a mis distracciones y falta de memoria. En una ocasión, siendo estudiante de segundo curso, se me ocurrió participar con un poema de mi autoría en un concurso de declamación en el Instituto Técnico Luis Bográn, ante un público compuesto solo por adolescentes varones. Comencé con mucho ímpetu, pero a los pocos segundos olvidé por completo el poema que yo misma había escrito. Entonces hice lo que los cantantes cuando olvidan la letra: improvisé. Siempre se notó, pero los muchachos fueron muy generosos y en lugar de abuchearme me aplaudieron.
Dicen que todos los escritores tienen rituales a la hora de escribir... ¿cuáles son los suyos?
Más que un ritual, tengo dependencia de la computadora; me es difícil escribir a mano. Además, tengo un mal hábito, y es morderme los dedos, no las uñas, sino los dedos, cuando estoy muy concentrada. Cuando se me ven callos muy pronunciados en las manos es porque he estado trabajando mucho.
¿Hay algún libro que jamás leería? ¿Por qué?
Los de Paulo Coelho, porque más que literatura son libros de autoayuda disfrazados de obras literarias.
Un libro que siempre ha querido leer y no ha podido… ¿por qué?
Me gustaría leer (¡y entender!) "Ulises" de James Joyce y "En busca del tiempo perdido" de Marcel Proust para presumir ante mis amistades y compañeros de la carrera de Letras de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras. Pero me he aburrido mortalmente con las primeras páginas, así que he renunciado porque la lectura debe ser un placer, nunca una obligación.
Creo que este es un pecado de los escritores pobres, así que quizá no lo haya cometido usted. ¿alguna vez ha "tomado prestado" un libro y no lo ha devuelto? ¿Cuál?
Para empezar, déjeme aclararle que tal vez no soy una pobre escritora, pero sin lugar a dudas sí una escritora pobre. Mis ingresos no llegan ni siquiera a tres salarios mínimos, y soy de las que a fin de mes dejan de pagar una cuenta para poder pagar las otras. Claro que he tomado prestados libros y no los he devuelto, aunque generalmente ha sido por olvido, o porque tengo mucha confianza con la persona y asumo que es un préstamo indefinido.
¿El libro que mayor decepción le ha provocado? ¿Por qué?
"Memoria de mis putas tristes", de Gabriel García Márquez. En mi infancia devoré "Cien años de soledad" y era capaz de recitar de memoria párrafos enteros. Ninguno de sus otros libros, con excepción de sus cuentos, me ha gustado mucho que digamos. Pero en "Memoria de mis putas tristes" García Márquez se presenta como un escritor misógino. Yo no pude terminar de leerlo.
¿El libro más hermoso que ha leído? ¿Por qué?
Para mí los libros más hermosos son los de cuentos infantiles modernos, especialmente si están editados en buen papel y con las mejores ilustraciones. Disfruto, no solo leer, sino también ver, tocar y hasta oler el libro como objeto artístico, no solo por su contenido, sino también por su presentación. Pero el libro que no hubiera querido terminar nunca de leer, de tan bien escrito que me pareció, es "La guerra del fin del mundo", de Mario Vargas Llosa. Logró crear unos personajes geniales, creíbles pero únicos, e hilvanar una historia de la que uno no se puede despegar hasta la última línea.
¿Qué quiere que las futuras generaciones recuerden de la escritora María Eugenia Ramos? 
Esa pregunta me hace sentir como si tuviera un pie en la tumba, y recuerde que los cincuenta años en una mujer son los nuevos treinta... Ya en serio, no se me ha ocurrido pensar en cómo quiero que me recuerden. Más me gustaría conocer e intercambiar con las generaciones actuales.
Sobre la tumba de Graucho Marx hay un epitafio fabuloso: "Perdonen que no me levante". ¿Qué le gustaría que estuviera escrito sobre la suya?
"De lo bueno, poco". Así reivindico mis escasos 1.50 metros de estatura y, además, me justifico por si no pudiera escribir más libros.

23 de marzo de 2012

Ejercicio sobre Guadalajara

En el infierno de Dante los perezosos se pudrían bajo el agua en el quinto círculo, sin hacer absolutamente nada para salir de allí. Reconozco que así he estado desde que volví de Guadalajara (con la salvedad de ir al trabajo asalariado, obviamente, porque ni modo), tal vez porque aún no he salido de mi asombro de formar parte de Los 25 secretostal vez porque la alegría puede abrumar casi tanto como la infelicidad.

En fin, hoy fue un día de semana inédito. Aunque trabajé, las circunstancias me permitieron hacerlo sin presión de horario, tal como me gusta. Además, mi pirulito, mi daihatsu charade del 92, se portó muy bien y me sentí como una reina manejándolo, haciendo a un lado los chillidos, toses y lamentos que lo caracterizan. Fui a ponerme al día con mis deudas —algunas, claro, no todas— y me compré un par de ofertas que encontré por allí.

Creo que todo esto me dio ánimos para entrar a mi blog por primera vez en mucho tiempo, y para mi sorpresa, me encuentro con que aparecen más de 4,600 visitas (2,000 más que hace tres meses), y 15 miembros, dos veces más que antes. ¡OMG! Gracias, FIL Guadalajara, por seguir amadrinándome.

Ya que hablé de pagar deudas, intentaré contar algo de lo que fue mi experiencia en la FIL, aunque sea en estilo telegrama. Literalmente. El orden no es cronológico necesariamente, pero casi. Aquí va.
Viaje muy largo pero sin incidentes. Punto. Ciudad bellísima. Punto. Gente espléndida. Punto. Un poco de frío. Punto. Hotel de cinco estrellas. Punto. Abundantes y deliciosas comidas, todo cortesía de la FIL. Punto. Feria inmensa. Punto. Libros, libros, más libros. Punto. Sin dinero para comprarlos, debo conformarme con verlos y tocarlos. Punto. Me reencuentro con mi admirado maestro Sergio Ramírez en presentación de antología de poesía centroamericana Puertas abiertas. Punto. Estoy incluida en esa antología y también en la de cuento centroamericano, Puertos abiertos, ambas del Fondo de Cultura Económica.  Sonrisa. Punto. Conozco a Juan Gelman y Claribel Alegría, dos iconos de la literatura. Punto. Ambos accesibles y generosos. Punto. Hermoso también conocer a Laura Niembro, a Sarahí, en fin, a todo el personal de la FIL. Perdonen que no recuerde nombres. Punto. Nunca puedo recordar nombres, pero sí rostros. Punto. Aunque no los mencione, sus rostros forman parte de estos buenos recuerdos. Punto. Preparatoria de Tlajomulco: la mejor parte del viaje. Punto. Un auditorio lleno de chicos y chicas que estudian, trabajan y leen. Punto. Ninguno había escuchado hablar de mí, pero hablé y me escucharon con verdadero interés. Punto. Pregunté qué cuento querían que les leyera y pidieron Para escoger la muerte. Punto. Les gustó, lo entendieron, lo comentaron, lo adoptaron. Punto. Hermoso. Los otros 24 “secretos”, no solo muy talentosos, sino fraternos. Punto. Algunos muy distintos de como los imaginaba. Punto. De la mayoría me referiré en términos de impresión personal; ya habrá tiempo de comentar su obra. Punto. El nicaragüense Ulises Juárez Polanco es mi guía en este laberinto. Punto. Aunque puede ser mi hijo, me asesora y me presenta. Punto. Hasta me presta dinero cuando descubro, con gran consternación, que mi tarjeta American Express (la publicidad es enteramente gratuita, pero no sé si es buena) no es aceptada en ninguna parte de Guadalajara. Punto. La salvadoreña Jacinta Escudos, que aparecía embozada en la fotografía, es verdaderamente hermosa, alta, elegantísima. Punto. Ella y el costarricense Carlos Cortés son las estrellas de Alfaguara Centroamérica y casi siempre se sientan juntos. Punto. Imposible confundirme con Jacinta, pero Laura Niembro lo hace, lo cual es muy gracioso. Punto. El venezolano Roberto Martínez Bachrich lee un cuento de su libro Las guerras íntimas, con su voz que parece salida de un sótano situado bajo los 44 pisos del Hotel Riu. Punto. Me digo a mí misma: genial, así quiero escribir. Punto. El guatemalteco Javier Mosquera Saravia me sorprende y me halaga cuando me dice que estoy en su lista de autores que más le gustaron entre los 25. Punto. Nos entrevistan para diversos medios, la radio de la Universidad de Guadalajara, el canal estatal, diarios, blogs. Punto. Posamos para las cámaras. Punto. Y pensar que en 1994 fui a la misma feria, a leer los primeros esbozos de lo que después sería Una cierta nostalgia. Punto. ¿Cómo podría adivinar que años después, gracias a ese mismo libro, me codearía con la aristocracia literaria, aunque fuera por un día? Guiño. Punto. Los otros veinticuatro secretos disfrutan del tequila y el vino que nos obsequian en almuerzos y cenas de protocolo. Punto. Yo sigo buscando mi ansiada margarita, sin éxito. La chilena Nona Fernández es encantadora, mucho más joven que en la foto, y le gustan los gatos. Punto. Con su compatriota Diego Muñoz Valenzuela comentamos lo parecidas que son nuestras trayectorias, pese a que él es ingeniero (nunca había conocido a un escritor que lo fuera). Punto. A él lo marcó el golpe contra Allende en 1973, a mí la guerra en Centroamérica de los ochenta. Punto. El también chileno Francisco Díaz Klaassen y la argentina Fernanda García Lao nos cautivan a todos con su juventud y simpatía. Punto. A Francisco le dan incluso una suite. Punto. Él niega haber recurrido a su sex appeal para lograrlo. Punto. El uruguayo Dani Umpi lucía una peluca en la foto del sitio web. Punto. Me desconcierto al verlo pelón. Punto. Mi columna, específicamente mi quinta vértebra, me juega una mala pasada. Punto. Debo saltearme un par de actividades porque el dolor es intenso. Punto. Carlos Oriel Wynter de Melo me confirma que un panameño a quien conocí hace muchos años está vivo y ha tenido mucho éxito profesional. Punto. Daniela Tarazona no dice mucho, pero lo observa todo, sin duda imaginándonos como animales sobre las piedras (véase la excelente reseña del ecuatoriano Eduardo Varas Carvajal, Mutar la palabra que te nombra). Punto. La boliviana Giovanna Riveiro es mi consuelo, como decimos aquí; tan o más chaparrita que yo, y guapísima. Punto. Hernán Ronsino, argentino típico, atractivo y buena gente, a pesar de los mitos que niegan la segunda parte. Guiño. Punto. El peruano Enrique Planas se cargaba una faringitis o algo peor. Punto. Se tejieron muchas especulaciones sobre su salud. Guiño. Punto. El colombiano Luis Miguel Rivas vive en Argentina y es todo un caballero, muy atento, con su cabello largo y túnicas de hippie de los sesenta. Punto. Con el ecuatoriano Miguel Antonio Chávez somos muy buenos amigos ahora en Facebook. Guiño. Punto. Sus post mordaces me encantan, así como los de Eduardo Varas, quien por cierto acaba de casarse. Punto. A propósito, Giovanna Riveiro también acaba de casarse. Puntos suspensivos. ¿Será que hay algún romance en mi horizonte, solo por haber estado en la FIL? Más puntos supensivos. Guiño. Punto. Hubo algunos con los que no pude compartir mucho: los colombianos Juan Álvarez y Andrés Burgos, el ecuatoriano Luis Alberto Bravo, el argentino Fabián Casas y los mexicanos Pablo Soler Frost y Emiliano Monge. Punto. Tarea pendiente para la 26 edición de la FIL Guadalajara. Guiño. Punto. Después de todo, tienen que volver a invitarme para reivindicarse por la margarita que me quedaron debiendo. Punto. Y esto que era mi cumpleaños. Puntos supensivos. Punto final (provisional).
NOTA: Aunque no son muy buenas, todas las fotografías son de "mua" y me reservo algunos derechos, excepto, claro. aquellas en las que aparezco.

Vista desde mi habitación del décimo piso del Hotel Riu.

El RIU, donde nos alojaron, es uno de los hoteles de cinco estrellas más nuevos de la ciudad.
Libros, libros, más libros. Sin dinero para comprarlos, debo conformarme con verlos y tocarlos. 
Feria inmensa...
Me reencuentro con mi admirado maestro Sergio Ramírez y conozco a Claribel Alegría en la presentación de la antología de poesía centroamericana Puertas abiertas.  
De izquierda a derecha, el poeta nicaragüense Erick Aguirre, "mua", que no soy poeta, y Claribel Alegría.
Hice realidad uno de mis sueños, conocer a Juan Gelman.
Con Daniel, maestro de la Preparatoria de Tlajomulco (a mi derecha) y el venezolano Roberto Martínez Bachrich.

Luis Miguel Rivas y Giovanna Riveiro.

Los chilenos Nona Fernández y Diego Muñoz Valenzuela.

Mi guía, Ulises Juárez Polanco, grande y tranquilo como un oso de peluche.

Los chicos haciendo bromas en el busito que nos llevaba a la cena ofrecida por el presidente de la FIL. De izquierda a derecha, Carlos Wynter de Melo, Francisco Díaz Klaassen y Juan Álvarez.

Durante la cena en la enorme residencia del presidente de la FIL: de izquierda a derecha, Hernán Ronsino, Daniela Tarazona y Carlos Wynter de Melo.

Aunque no pueda recordar los nombres, me he traído los rostros de muchas personas que trabajaron en la FIL. Gracias. ¡Hasta la próxima!

* * *

15 de noviembre de 2011

Entrevista de Letras Libres: 20 preguntas a María Eugenia Ramos

Noviembre 15, 2011


1. ¿Escribir sobre lo público o lo privado?
Siempre hay una mezcla entre lo privado y lo público. Cuando escribimos de un asunto público mezclamos elementos de la vida privada, ya sea nuestra o de los demás, y cuando se escribe sobre la intimidad siempre hay un contexto público detrás.

2. ¿Escribir de día o de noche?
Mi ideal sería escribir de día, pero ahora depende de las condiciones.

3. ¿Cuál es la obra literaria más sobrevalorada?
En general se sobrevaloran aquellas que se escriben como sobre una plantilla, apelando a los ingredientes que “venden más”, como el sentimentalismo, que es distinto al sentimiento y a la sensibilidad.

4. ¿Y la injustificadamente olvidada?
Entre las muchas obras que merecerían reeditarse está la del escritor ruso Vladimir Korolenko.

5. ¿La obra maestra que nunca ha leído y quizá ha dicho que sí?
Hay muchas obras maestras que no he leído, lo confieso con culpa. Recuerdo Ulises, de James Joyce. Tenía que leerla y escribir un ensayo sobre ella, y le dije al profesor que ya lo había hecho, pero no era cierto. Nunca pude terminarla.

6. ¿Cuál es el secreto literario mejor guardado?
¡En América Latina somos 25!, según la FIL. Pero sin duda hay muchos más esperando ser descubiertos.

7.¿Hace daño el culto al escritor?
Hace mucho daño el culto a la personalidad, cualquiera que sea. Desde luego que es más dañino el culto a la personalidad de un político.

8. ¿Cómo reaccionaría si descubriera miles de copias piratas de sus libros en el mercado negro?
No creo que eso pase, pero si fuera el caso, buscaría los recursos legales necesarios. “Clonar” un libro para una clase porque no se puede comprar es entendible y muchas veces necesario, pero hacer copias para negocio es una barbaridad.

9. ¿El Estado debe pagar para que los escritores escriban?
Las becas y estímulos son necesarios, siempre y cuando no se concedan por motivos políticos o de compadrazgo, sino por méritos.

10. ¿La “escritura creativa” puede aprenderse en un taller?
Pueden aprenderse las herramientas, pero el talento no se puede aprender.

11. ¿Qué es un best-seller?
Un producto de consumo con excelente mercadeo, no necesariamente una buena obra.

12. ¿Qué hábito envidia de otro escritor?
La disciplina, porque yo no la tengo.

13. ¿Qué eslogan propondría para una campaña nacional de lectura?
La frase ha sido muy utilizada, pero me gusta: “Apaga el televisor y enciende tu cerebro”.

14. ¿Si fuera libro cuál sería?
Me gustaría ser Las mil y una noches, en una edición muy bien cuidada y con hermosas ilustraciones. Pero me conformaría con ser un libro más pequeño, siempre en una edición muy buena.

15. ¿Cuál fue el primer libro que robó o debió haber robado?
En mi adolescencia, mi padre era editorialista en un diario, y yo acostumbraba llegar a su oficina después del colegio. Mientras lo esperaba para irnos a casa leía cualquiera de los libros que tenía esparcidos sobre el escritorio. Una vez comencé a leer uno que si mal no recuerdo era una novela, donde aparecía la descripción de unas torturas cometidas por los nazis, incluyendo el uso de perros para violar prisioneras. No se me ocurrió llevármelo y lo dejé para retomar la lectura otro día; pero cuando regresé, mi padre lo había escondido. Es el único libro que no me dejó leer, y siempre me he preguntado qué libro sería, porque no puedo recordar el nombre, así que a lo mejor debí habérmelo robado.

16. ¿Raya los libros?
Sí, a veces, para destacar una frase que me gusta mucho. Pero si es una edición muy cuidada, en buenos materiales y con buen diseño, no lo hago.

17. ¿Con qué cliché literario se (le) identifica?
Si construir una realidad propia es un cliché, entonces con ese me identifico.

18. Si estuviera en su poder ser obedecido como gobernante, ¿qué regla le impondría a los ciudadanos?
No son los gobernantes quienes deben ser obedecidos, sino las leyes, especialmente cuando son justas. Pero una regla que ojalá toda la ciudadanía aprobara sería hacernos responsables por nuestros niños, los animales y la naturaleza.

19. ¿Qué muerte célebre, de algún personaje real o de ficción, le gustaría tener?
Sé cuál no me gustaría tener, la de Don Quijote, porque murió de tristeza, convencido de que sus hazañas habían sido locuras. Es decir, murió de haberse doblegado ante el convencionalismo.

20. Si este es su último aliento, ¿cuáles son sus últimas palabras?
“¡Pero si vengo empezando...!”
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María Eugenia Ramos (Honduras, 1959)
Estudió periodismo y literatura en la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, donde labora actualmente. Ha trabajado como editora en organismos no gubernamentales, internacionales y en programas educativos alternativos. Participó en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y el encuentro "América Latina, Tierra de Libros", auspiciado por el Instituto Italo-Latino Americano con sede en Roma. Su obra ha sido incluida en diversas antologías de literatura hondureña y centroamericana.
Libros publicados: Porque ningún sol es el último (Ediciones Paradiso, 1989), La visión de país en Clementina Suárez y Alfonso Guillén Zelaya (co-autora) (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2002), Los contenidos informativos en la radio y la televisión de Honduras: una aproximación (Comité por la Libre Expresión, 2006), Una cierta nostalgia, (Editorial Guardabarranco, 2000, Editorial Iberoamericana, 2010).
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