23 de enero de 2013

Visitantes entrañables

Los gatos y los libros combinan a la perfección. Por eso, toda editorial, librería o bliblioteca que se precie de tal debe tener sus propios gatos. Esta es una familia que apareció en los alrededores de mi oficina en la Unah. Son semisalvajes, pero agradecen la comida que se les da. A cambio, nosotros obtenemos caché. Y una sensación de gozo que solo los que aman a los animales pueden entender.

La idea es encontrarles hogares. Para Clementina (/la gata madre) será más fácil, se ve que ha tenido convivencia con humanos. El gatito, como está muy pequeño, podría adaptarse. Con el padre será mucho más difícil. Pero da ternura verlos juntos, no quisiera separarlos.

Las redes y personas amantes de los animales han mostrado interés y hasta han colaborado llevándoles concentrado. Ojalá que puedan permanecer allí sin que personas entrometidas, de esas que sobran, quieran hacerles daño. Porque ellos no hacen daño a nadie, al contrario, contribuyen a despejar el campus de ratones, que abundan sobre todo en estos días, cuando no hay estudiantes.


D.R. Maria Eugenia Ramos
Clementina, la madre de la familia, y su hermoso hijo, al que provisionalmente he llamado Mischief (en inglés, travieso). Por supuesto, el nombre de la madre es un homenaje a la gran poeta Clementina Suárez.

D.R. Maria Eugenia Ramos
En los primeros días era muy difícil tomarle fotos a Mischief, se quedaba lo más lejos posible, y esto si se dejaba ver. Aquí tomando el sol en una macetera.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Ni siquiera miraba a la cámara. Un salvajillo total.

D.R. Maria Eugenia Ramos
¡La gran Clementina! Es una belleza. Manto color chocolate, guantes blancos y botas blancas altas, preciosos ojos verdes.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Aún no he podido fotografiar bien al padre. Es un gato grande, atigrado, con una hermosa cola de angora. Sobreprotector de su familia y muy amoroso con Mischief. Espero poder tomarles foto cuando se están dando besitos.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Comiendo con mamá.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Alguien, con buena intención, les puso huesitos. Por suerte, ellos prefieren el concentrado. No, Clementina no está amenazando a la cámara, aunque lo parece. Solo está pidiendo con buenos modales que la dejen en paz.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mischief ya permite que se le tomen fotos de cerca, especialmente porque ve que mamá no me teme y hasta permite que la acaricie.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mischief decidió tomar un poco de agua, pero el recipiente es muy alto para él.
D.R. Maria Eugenia Ramos
Me agacharé más... solo otro poquito...
D.R. Maria Eugenia Ramos
¡Plungún! Se dio vuelta...

D.R. Maria Eugenia Ramos
Mamá Clementina no quiere mojarse las patas y mejor se baja.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Estoy apenado... mejor me subiré a este árbol. 

D.R. Maria Eugenia Ramos
Clementina posiblemente alguna vez fue gata de casa, porque permite que la toque y ronronea, lo cual me hace feliz.

D.R. Maria Eugenia Ramos
Su amistad me honra. 

28 de diciembre de 2012

7 de octubre de 2012

El oficio narrativo de María Eugenia Ramos

Por Sara Rolla*


De izquierda a derecha, Sara Rolla y María Eugenia Ramos
en San Pedro Sula, 2010.
El verdadero talento ha sido casi siempre fruto del desencanto. Los grandes maestros de la narrativa contemporánea, como Joyce, Proust, Virginia Woolf, Kafka, Faulkner y Camus, lo demuestran con creces.

Por lo tanto, no debe sorprendernos que el título del primer libro de relatos de María Eugenia Ramos sea Una cierta nostalgia y que sus páginas estén recorridas, precisamente, por un sentido de extrañamiento, inconformidad y búsqueda de una armonía perdida.

Conocíamos a María Eugenia como poeta y ahora se nos revela como narradora. En realidad, son distintas facetas de una labor estéticamente homogénea. Su oficio lírico le brinda un buen sedimento a su narrativa, por la propensión del poeta a filtrar los contenidos y esencializar las formas.

En un ensayo de Julio Cortázar titulado “Paseo por el cuento”1, el gran escritor explica cómo concibe esta especie narrativa. Aclara que casi todos sus cuentos “pertenecen al género fantástico por falta de mejor nombre, y se oponen a ese falso realismo que consiste en creer que todas las cosas pueden describirse y explicarse…”.

Este principio cortazariano se aplica a los cuentos de María Eugenia, en los que la irrealidad está casi permanentemente al acecho, invadiendo lo cotidiano y dándole un carácter misterioso e inquietante. Como en los relatos de Cortázar, el paso del plano real al irreal se da imperceptiblemente, sin fisuras ni sobresaltos, quizás por la conciencia de que tal frontera es imprecisa.

Ese salto a lo sobrenatural obedece, en todos los casos, a condicionantes de orden psicosocial. Las diferentes historias, protagonizadas mayoritariamente por mujeres, presentan casi siempre un conflicto psicológico ligado a situaciones de insatisfacción vital, soledad y desamparo extremo. Así sucede, por ejemplo en “La partida”, relato lleno de enigmáticas sugerencias y símbolos sutiles que trata sobre el fin de una relación amorosa. Una circunstancia similar se aborda en el cuento titulado “Cuando se llevaron la noche”, donde se muestra un proceso de enajenación provocado por desajustes emocionales, en los que también intervienen la soledad y la incomunicación en la pareja.

Otros dos relatos que ensamblan con gran habilidad los planos real y fantástico e incorporan con eficacia el elemento onírico son “El viaje” y “El círculo”. En ambos, el conflicto se origina nuevamente en la frustración existencial de una mujer.  

Volviendo a los planteamientos de Cortázar, el autor argentino sostiene que una condición imprescindible en los cuentos bien logrados es su cualidad de ser “aglutinantes de una realidad infinitamente más vasta que la de su mera anécdota”, su “apertura de lo pequeño hacia lo grande. De lo individual y circunscrito a la esencia misma de la condición humana”. Y esto también se cumple en los relatos de Una cierta nostalgia, que profundizan en el drama de la existencia y se abren a ricas interpretaciones desde distintos ángulos; entre ellos, el histórico-social, psicológico, filosófico e ideológico.

Un aspecto digno de resaltar es, en relación con la perspectiva histórica e ideológica, la dignidad ética y estética con que la autora aborda el tema, aún lacerante, de la sangrienta represión que abatió  a Honduras y Latinoamérica en las últimas décadas del siglo XX. Este enfoque se aprecia en los tres primeros cuentos: “El vuelo del abejorro”, “Para elegir la muerte” y “Domingo por la noche”.

En cuanto al relato que da el título al libro y cierra el volumen, se trata de un monólogo  con implicaciones simbólicas ricas y densas. Es posible relacionar al protagonista, como se ha hecho, con la figura de Francisco Morazán, y también con cualquier otro mártir de las causas populares.

En el aspecto técnico, María Eugenia denota una gran solvencia. Sus cuentos poseen intensidad, es decir, poder de concentración y reducción de la materia narrativa a sus elementos significativos esenciales, y también tensión, esa cualidad que constituye quizás la prueba de fuego en este género: la capacidad de mantener al lector en vilo hasta la última línea.

El estilo es conciso y lacónico y se halla impregnado de poesía. La vena lírica de María Eugenia aflora en el tono y el ritmo de la prosa, así como en oportunas metáforas y eficaces comparaciones, sin caer jamás en excesos retóricos.

El libro Una cierta nostalgia evidencia, en síntesis, una destreza en el oficio narrativo que enaltece no sólo a la autora, sino a la literatura hondureña en general, al constituirse en una de sus voces más frescas y estéticamente responsables. 

San Pedro Sula, 22 de marzo de 2001.



Notas
1. Publicado originalmente en Rolla, Sara (2006). Revista de la Academia Hondureña de la Lengua, No. 4, pp. 61-64.
2. Julio Cortázar, "Paseo por el cuento". En Sánchez Vásquez, Antología. Textos de estética y teoría del arte. México, UNAM, 1972, pp. 330-338.

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*Sara Rolla, argentina, catedrática durante muchos años de la UNAH-Valle de Sula, actualmente jubilada. Académica de número de la Academia Hondureña de la Lengua.

15 de septiembre de 2012

Día de la Independencia

Ubicación de las proyectadas "ciudades modelo"
en el territorio hondureño.
Ese es el título de una taquillera película estadounidense de 1996 dirigida por Rolando Emmerich acerca de una invasión de extraterrestres ocurrida el 2 de julio y exitosamente derrotada por las fuerzas armadas de EE.UU. en apenas 48 horas, de manera que pueden celebrar (y con ellos la humanidad entera, of course!) su Día de la Independencia, 4 de julio, con un territorio liberado de invasores. Cuándo no, el imperio aparece como salvador del mundo.

En Honduras podríamos filmar una trágica parodia, en la que todo ocurre al revés, como corresponde en el país del espejo y los espejismos. Sigue viento en popa el plan de instaurar las "ciudades modelo", enclaves de capital extranjero situados en las zonas con mejores recursos naturales del país en los que sus habitantes no estarán regidos por leyes hondureñas, sino las propias. Según los proyectistas, serán gigantescas maquilas en las que los hondureños tendrán acceso a empleos mejor pagados y mejores oportunidades de educación. La realidad es que en las maquilas la mano de obra nacional resulta sumamente barata para los inversores, y la educación que se ofrece es también de maquila, la que proporcionan redes globales de universidades privadas con el propósito de formar los capataces que sus industrias necesitan.


Por consiguiente, nuestro "Independence Day" —que así se llamará en lo adelante, pues seguramente en tales ciudades-Estado también el idioma y la moneda serán, respectivamente, el inglés y el dólar— consiste para la clase política gobernante hondureña en celebrar la llegada de los invasores-inversores alienígenas (palabra que según la RAE significa extranjeros) cargados de dólares, los cuales adquirirán en subasta pública lo mejor de nuestras tierras.


Ya en en los años 80 se vendió el territorio nacional, con la instalación de bases militares extranjeras. La soberanía del país es casi una utopía; pero de tenerla condicionada y frágil, casi simbólica, a subastar las mejores tierras para convertirlas en Estados privilegiados dentro de un Estado fallido y una población paupérrima, implica haber tocado fondo como país.


Por razones aún no explicadas, en el momento en que se anunció el proyecto, hace dos años, no hubo más reacciones por parte del Frente Nacional de Resistencia Popular (FNRP) que alguna tibia declaración de sus dirigentes, cuya estrategia aparentemente supeditaba toda su razón de ser y su accionar al regreso al poder del derrocado presidente Manuel Zelaya Rosales y a la instauración de una asamblea nacional constituyente. Cabe mencionar las excepciones de Tomás Andino, en ese entonces diputado por el Partido Unificación Democrática, y el Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Bebida y Similares, quienes se pronunciaron enérgicamente, sin incidir, sin embargo, en la posición oficial del Frente y los poderosos gremios que agrupa.


En los últimos días, cuando ya se está concretando la primera "ciudad modelo", profesionales del derecho vinculados al FNRP han interpuesto recursos de inconstitucionalidad, y tanto el Frente como su brazo político-electoral, el Partido LIBRE, han iniciado una campaña mediática, particularmente a través de las redes sociales, contra la venta del territorio nacional. ¡Ojalá que no sea demasiado tarde! Porque si el proyecto de la clase gobernante se instaura, como tiene todos los visos, dado el control ejercido sobre el Congreso Nacional y la Corte Suprema de Justicia, quienes lo promulgaron y quienes lo consintieron por omisión tendrán igual responsabilidad en la pérdida de la soberanía hondureña. 

12 de agosto de 2012

Desde la tierra sin historias felices: Entrevista de Marta Sandoval a Sergio Ramírez

Desde la tierra sin historias felices

Pasamos de los conflictos rurales a los urbanos. Del campo sembrado de tragedias e injusticias, a la ciudad regada con balas. La literatura es un espejo de la región y eso se nota en las antologías de cuento y poesía que compiló Sergio Ramírez y publicó el Fondo de Cultura Económica. En esta entrevista Ramírez habla sobre el trabajo y sobre el panorama literario regional.
Marta Sandoval
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Ampliar imágenEPFoto:  José Miguel Lam > elPeriódico
Alguien se nos está muriendo siempre/ con esa muerte lenta de los pulsos vacíos/ mientras tu y yo besamos, reímos de las cosas y del viento, comemos, nos amamos y sabemos que toda nuestra luz nos pertenece/sin ser nuestra siquiera/ alguien se muere siempre, hasta cuando un péndulo dibuja cuarto de hora hacia la vida”. Alguien se está muriendo siempre en esta región, pero alguien está también escribiendo siempre, retando a la muerte con las letras, apostándole a la eternidad.

El fragmento anterior fue escrito por la poeta costarricense Julieta Dobles y forma parte de la antología Puertas Abiertas de poesía centroamericana que Sergio Ramírez presentó recientemente. La idea de reunir la obra literaria de la región vive en la mente de Ramírez desde hace más de 40 años; a principios de los setenta se embarcó en la misión de recopilar cuentos de autores centroamericanos, sin internet y sin blogs, la tarea le tomó casi cinco años, pero nacieron dos tomos, mil doscientas páginas, que fueron -en sus palabras- “un espejo roto, pero un espejo común”. Ahora volvió a la carga con dos nuevas compilaciones, una de cuento y otra de poesía publicadas por el Fondo de Cultura Económica. Los dos libros constituyen la mejor forma de acercarse a las letras de toda la región. En esta entrevista Ramírez explica más sobre el libro.

Hace cuarenta años, usted hizo un esfuerzo parecido a este, una antología de cuentos centroamericanos. ¿Cómo fue esa experiencia?

-En ese entonces Centro América era una idea no organizada en términos culturales, los libros de un país nunca llegaban a otro. Había ediciones clandestinas de autores valiosos, que no era sencillo encontrar. Así que recopilar un buen número fue complicado.

Yo trabajaba en el Consejo Centroamericano de Universidades y me tocaba viajar mucho por toda la región. De cada país que visitaba me llevaba cajones enteros llenos de libros, muchos los conseguía en librerías de viejo o me los regalaban amigos, y así fui juntando mucho material. Después fue cuestión de ir espulgando, buscando los cuentos que valían la pena. De ahí salió esta primera antología del cuento centroamericano, que se publicó en 1973 en Costa Rica. Eran dos volúmenes muy grandes.

¿Había una creación literaria fuerte?

-Sí, ya la había. Ayer que pasaba por el stand de la Tipografía Nacional en la Feria del Libro, encontré muchos libros de autores guatemaltecos que antes busqué con tanto afán y que no eran tan visibles como ahora, y lo mismo pasa en toda Centro América. Hoy es diferente, los escritores jóvenes que no han publicado libros tienen sus páginas de internet, hay muchas publicaciones de editoriales pequeñas y medianas, es una situación muy diferente, hay mucha más comunicación entre países. Eso no quiere decir que no sigamos teniendo grandes déficits de comunicación, pero las cosas han cambiado bastante.

Ahora con lo que uno se enfrenta es con la abundancia de escritores, cada vez hay más jóvenes que escriben, en aquel tiempo los escritores activos eran contados, ahora no, ahora hay muchísimos escribiendo, lo cual es una gran bendición para Centro América.

Pero eso supongo que hizo más difícil la selección para esta antología.

-Sí, en ese sentido fue más difícil y uno tiene que desgraciadamente discriminar buenos trabajos, porque una antología como esta, tiene que tener un número determinado de páginas; aunque es una antología grande, cada una tiene casi 500 páginas y aún así he tenido que dejar fuera muchos escritores valiosos.

¿Cuál fue el criterio para seleccionar a los autores?

-La calidad. Lo que a mí me gusta, lo que yo creo que vale la pena que esté. Eso es lo que hace un antólogo; solo había criterios muy subjetivos. Un criterio fue publicar solo autores vivos, porque si incluyéramos a todos se volvería una enciclopedia imposible de manejar.

¿Tenemos temáticas comunes en la región?

-Ha cambiado la temática, porque ha cambiado la historia. Cuando formé la primera antología veníamos saliendo de un mundo rural, los temas dominantes eran los temas vernáculos, los sociales campesinos, la explotación, las bananeras, las costumbres campesinas; desde Salarrué hasta Asturias, esas eran las grandes marcas. Había poco desarrollo de las ciudades, en 1970 no podíamos hablar de urbes en Centro América, de problemas urbanos. Guatemala tenía quizá medio millón de habitantes, hoy son mega ciudades muy caóticas, entonces los grandes cambios sociales y urbanos han traído nuevos temas a la literatura porque hay nuevos conflictos.

Luego vinieron las grandes guerras en Centro América eso dejó un precedente literario, luego la pos guerra que trajo las maras, el narcotráfico y esos son ahora los temas. Siempre estamos en el conflicto, en la anormalidad, y de eso es lo que se nutre la literatura, no hay historias felices. Claro que existe la literatura de amor, pero en Centro América, siempre está teñido de conflicto todo, incluso en el amor.

Decía que en los años setenta los poetas eran considerados locos. Cuarenta años más tarde, me temo que no ha cambiado mucho esa idea…

-Se ve como una locura, como una anormalidad. Eso es el sentido competitivo que estas sociedades siempre han tenido exacerbado, la idea de que alguien que no produce dinero a través de su profesión no es útil ni para la sociedad ni para su familia. La literatura como es un oficio que no es rentable, es despreciable. Esa sigue siendo una idea de la sociedad y por lo tanto los escritores son seres de excepción, al margen de la sociedad, hasta que consiguen reconocimiento, solo entonces se echan a andar las campanas, como con Asturias.

Pero no todos lo logran…

-Sí, pero ahora más que nunca hay autores internacionales, antes se contaban con los dedos de las manos ahora hay muchos más.

¿Es esta la mejor época para las letras centroamericanas?

-Creo que estamos en una buena época. Yo me asusto cuando veo libros de autores que nacieron en los noventa, digo ¡que rápido vamos! Generación tras generación de muchachos que publican libros, eso me entusiasma mucho. Que no todos puedan tener resonancia en el extranjero es cuestión de tiempo y de muchas circunstancias, no se puede esperar que todos los que escriban sean leídos fuera.

Hay más autores, sin embargo tengo la idea de que el apoyo estatal en la región es menor…

-Porque los Estados han cambiado su perfil. Hoy tenemos Estados de corte liberal en toda Centro América, al decir liberal no estoy hablando en forma peyorativa. El Estado se deshace de lastres, gasta menos y entrega la cultura a manos privadas. Esa es una filosofía que opera tanto en Nicaragua como en Guatemala, independientemente del signo ideológico de los países. En Nicaragua el Instituto de la Cultura, que es como el Ministerio de Cultura, tiene un presupuesto de dos millones de dólares al año, con eso cubre bibliotecas, activos, museos, escuelas de arte y es ridículo que sobreviva con eso.

Pero también por primera vez en Centro América hay muchas editoriales privadas que trabajan con gran empeño y dedicación, las hay en toda la región. Así como el padre le dice al hijo: “qué locura estudiar literatura”, así la gente le dice a los editores “qué locura, qué clase de negocio es publicar libros, eso no es rentable”, pero están ahí las editoriales y los libros están circulando.

Aunque sigue siendo difícil leernos aún entre vecinos. En Guatemala no es sencillo encontrar autores hondureños, por ejemplo.

-Pero eso no es característico de Centro América, para un boliviano leer a un autor de Paraguay no es menos difícil, las fronteras siempre están ahí. El escritor que salta a ser publicado por una editorial multinacional consigue ser leído en todas partes, los demás no. Pero en Centro América tenemos una vocación común de integración, ya hicimos un esfuerzo con la Editorial Universitaria Centroamericana, que puso los libros en todos los países, para mí fue verdadero éxito, y esos son esfuerzos que se pueden repetir.

¿Hay más poetas que narradores en la región?

-Siempre hay más poetas y no es que hacer poesía sea más fácil. Son dos tipos de trabajo, la narrativa implica otro tipo de esfuerzo, de sentarse, organizarse, investigar un tema, la poesía depende mucho de la sensibilidad, de la intuición y del dominio del lenguaje por supuesto. Pero un gran poema puede salir en una hoja, para una novela se necesitan trescientas.

Hay más poetas, pero más lectores de narrativa que de poesía…

-Sí, yo creo que hay más publico para la narrativa que para la poesía. Son públicos que siempre hay que cultivar. Ahora incluso hay más público para la novela que para el cuento, los cuentos han venido siendo relegados por las políticas de las editoriales, para las editoriales grandes la novela es más rentable, llega más al lector. En los Estados Unidos se editan más de 400 revistas que publican cuentos y al final se hacen anuarios de cuento y aquí no, casi no hay revistas.