lunes, 24 de octubre de 2011

¿Cuántas muertes debe haber para que entendamos que ya son demasiadas?

Rafael Alejandro Vargas Castellanos (izquierda) y Carlos David Pineda Rodríguez fueron amigos entrañables. Fuente: Página web del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos en Honduras (CODEH).
El sábado 22 de octubre, en horas de la madrugada y aparentemente al salir de una fiesta familiar, fueron asesinados en Tegucigalpa dos jóvenes estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH): Carlos David Pineda Rodríguez, de 24 años, y Rafael Alejandro Vargas Castellanos, de 22 años.
Sin haber conocido a ninguno de los muchachos, la noticia no deja de tocarme profundamente, primero, porque se trata de otros dos jóvenes asesinados; segundo, porque se confirma que nadie, absolutamente nadie, está a salvo de la vorágine de violencia en la que hemos caído; y tercero, porque la madre de Rafael Alejandro es la rectora de la UNAH, la socióloga Julieta Castellanos, autora ella misma de investigaciones sobre el tema de la violencia.

La Junta Directiva de la Asociación de Estudiantes de Sociología de la UNAH Valle de Sula emitió un comunicado condenando los asesinatos, que en su parte medular expresa acertadamente el sentimiento de indignación e impotencia que nos embarga cada vez que recibimos la noticia de más muertes: “Reprobamos la muerte violenta de los jóvenes compañeros universitarios de la UNAH: Rafael Alejandro Vargas Castellanos, 22 años, estudiante de la Carrera de Sociología, y Carlos David Pineda Rodríguez, 24 años, estudiante de la Carrera de Derecho; ambos víctimas de la barbarie que crece sin control en la capital Tegucigalpa y el resto del territorio, y que arrebata las vidas de miles de personas cada año en este país que es por hoy la nación más violenta del mundo, con 82 homicidios por cada 100 mil habitantes según la ONU. Demandamos la investigación de sus asesinatos, la sanción debida a los responsables y el esclarecimiento igualmente justo para todos los casos no resueltos de muertes violentas, sin distinción de posición económica o política”.

Parafraseando a Bob Dylan: ¿cuántas muertes debe haber para que entendamos que ya son demasiadas? Aunque la respuesta esté en nosotros y no en el viento.
Soplando en el viento (traducción libre)
¿Cuántos caminos debe un hombre caminar
antes de poder llamarse hombre?
¿Cuántos mares debe navegar una paloma navegar
antes de poder dormirse en la arena?
¿Cuántas veces deben volar las balas de cañón
antes de que sean prohibidas para siempre?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento
La respuesta está soplando en el viento
¿Cuántos años puede existir una montaña
antes de ser erosionada por el mar?
¿Cuántos años pueden algunas personas existir
antes de que se les permita ser libres?
¿Cuántas veces puede un hombre volver la cabeza
fingiendo que simplemente no ve?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento
¿Cuántas veces debe un hombre mirar hacia arriba
antes de que pueda ver el cielo?
¿Cuántos oídos debe tener un hombre
antes de que pueda escuchar el llanto de la gente?
¿Cuántas muertes debe haber para que se dé cuenta
que demasiada gente ha muerto?
La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento,
la respuesta está soplando en el viento.
* * * 

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